ESTACIONES SIN PARADA

 

Hace escasamente un año podía vérsele entre los invitados al homenaje que se brindó a la compositora y cantante Meredith Monk. Se subió a un pequeño escenario acompañado de John Hollenbeck, cercano colaborador en éste y otros frentes. Entre el público, la presencia de David Byrne afianzaba relaciones artísticas y de amistad con la homenajeada que se remontan a los años 80. Acaba de presentar un disco dedicado a la cantante Kate Bush y otro junto a Uri Caine para Las Cuatro Estaciones de Vivaldi.

 

El estilo inclasificable del cantante Theo Bleckmann podría venir marcado por el área de un triángulo cuyos vértices nominativos serían Monk-Byrne-Hollenbeck; es decir, por una música contemporánea repetitiva con elementos teatrales e inspiración en culturas arcanas, el pop entendido desde una vertiente intelectual y refinada y por último el jazz avanzado que procede de las formas abiertas del free y que si por un lado permite técnicas ruidistas y desfiguradas por otro se alimentan de un fuerte apego a la melodía. Con todo, su estilo no se detiene en estaciones al uso. Una técnica muy depurada y muchas inquietudes estéticas le permiten ir más allá.

Theo Bleckmann y John Hollenbeck

 

En su camaleónica voz encontraremos, sobre los tres pilares de música clásica-jazz-música popular, ecos de la canción según Charles Ives, género que pasa de lo bucólico al realismo urbano y burgués de una floreciente Nueva York (llena de emigrantes) en las que las incursiones discursivas en la voz desmienten la tradición del lied mahleriano (europeo). De éstas se pasa a Broadway y el music hall, y no se encuentra a Gershwin como principal influencia en un estilo muy marcado por elementos escénicos sino más bien Jerome Kern y Kurt Well (recordemos su procedencia alemana). De ahí al jazz sólo hay un paso. Bleckmann no construye su discurso sobre la base tradicional de los cantantes en torno al blues o técnicas de scat en la improvisación.

Pese a que guste de acentuar los perfiles melódicos y cuidar su indumentaria al máximo, tampoco está en deuda con la estética crooner. Pero sí con la de un cantante pop que cuida el diseño de su imagen tanto como la plasticidad de una música que adopta elementos entre lo exótico y lo lúdico. Habría que añadir el tratamiento de extensión y manipulación del sonido que viene aplicando a través de la tecnología de samplers y loops, que le permiten desarrollar un mensaje en varía líneas temáticas y a la vez un mundo sugestivo y exuberante hecho de oleadas que conectan a Guillaume de  Machaut con Joni Mitchell.

El hecho de que Bleckmann no se considere ni un cantante pop ni tampoco de jazz permite ejercer una posición intermedia que se nutre del cabaret, el rock y el folk escocés/irlandés. El universo de Kate Bush es un terreno fértil para una lectura que indaga en una visión entre lúdica y oscura

 

Nacido en Alemania, Bleckmann irrumpe en una escena de vanguardia neoyorquina que se despereza del centro neurálgico underground que significó la Knitting Factory a comienzos de los 90. Justo al entrar a formar parte del Meredith Monk Ensemble, podíamos escucharle con cierto asombro (sólo comparable con el trabajo del throat singer David Moss) en el disco Force Green (Soul Note, 1995) del contrabajista Mark Dresser. En todo este tiempo trascurrido, Bleckmann se ha mantenido en la formación de la compositora de Dolmen Music y ha colaborado con otros grupos contemporáneos del prestigio y versatilidad de Bang on a Can, con Phillip Glass y John Zorn, Steve Coleman o Anthony Braxton.

Desde que se incorporó a la escudería de los hermanos Winter (W&W), el cantante ha entregado una variedad de proyectos acordes con la amplitud de su perfil creativo (desde canciones de Charles Ives a Schumann, del cabaret berlinés a un significativo disco en solitario) que tienen en la fundación del Refuge Trio, con Gary Versace y John Hollenbeck, uno de sus más estimulantes propuestas actuales, a la que habría que añadir, en ese ámbito de líneas difusas en torno a lo que llamaríamos jazz, el dúo que mantiene con Ben Monder y su destacada colaboración con John Hollenbeck tanto en su Large Ensemble como en The Claudia Quintet. Este año ha presentado en Winter &Winter dos trabajos, uno dedicado a ese icono esquivo de los 80 que es Kate Bush, que anuncia su salida del retiro, y otro a Vivaldi – genio veneciano cuyo legado en alza se revisa e investiga- y sus Cuatro Estaciones, acompañado de Uri Caine.

 

Hello Earth! conduce al mundo misterioso y envuelto en esfumato de la cantante, al mismo tiempo que se instala en la memoria adolescente de Bleckman. Situada, como eje que se comentaba al comienzo, a lo largo de la década de los 80. Es por ello que tras sucesivas escuchas veamos salpicada esta fantasía sonora que construye el autor sobre la diva de impresiones o alegorías de estilo tan dispares como Pat Metheny, Ryuichi Sakamoto, Peter Grabiel oMike Oldfield. El planteamiento abordado no es deconstructivo, es decir, no altera la esencia de la música de Bush, puesto que sus perfiles siguen ahí en una muy cuidada selección de temas repartida estilísticamente como en una producción de los 80 de, pongamos, el Tom Waits de Rain DogsLo que Bleckmann consigue es traducir el mundo misterioso y evanescente de la cantante al suyo propio, acentuando el cromatismo en oleadas de intensidad onírica y magnética.

El hecho de que Bleckmann no se considere ni un cantante pop ni tampoco de jazz permite ejercer una posición intermedia que se nutre del cabaret, el rock y el folk escocés/irlandés. El universo de Kate Bush es un terreno fértil para una lectura que indaga en una visión entre lúdica y oscura, en el que la atmósfera que envuelve unas letras en plena actualidad, como afirma el autor, supone la gran conquista de la memoria. Para su construcción Bleckmann se apoya en su grupo habitual, formado por Henry Hay (piano, clavecín preparado), Caleb Burhans (violín y guitarra eléctricos), Skúli Sverrison (bajo) y John Hollenbeck (percusión y batería), todos adoptando una posición altamente expresiva y al servicio de los registros del cantante. Por un momento se piensa que ha conseguido reunir alrededor del cancionero de la cantante británica una especie de revisitación al pasado con distintas paradas en el camino presente. Todas inesperadas.