Voz de mujer en África

Entendemos que Nick Gold, productor de las joyas que World Circuit ha ido desenterrando, impulsando o inventando desde finales de los setenta, podría suscribir las palabras de otro recopilador de sonidos del planeta como Joe Boyd: “Yo siempre he sido un elitista en la música. A mi no me gusta el jazz, el folk o el blues. A mi me gustan los grandes músicos. Defiendo este sistema darwiniano que invalida la tesis de que cualquiera puede hacer música gracias a la democracia tecnológica”.

Cuba, Senegal, Mali… Buena Vista Social Club, La Orchestra Baobab, Ali Farka Touré...En 1996, descubrí a la cantante malí Oumou Sangaré (Bamako, 1968).  Vuelvo a Seya tras Worotan, que contenía música despojada de gestos fusionantes para gustos europeos, estaba rítmica- mente afincada en la tradición y ya contaba con sutiles y respetuosos arreglos donde se filtraban letras de denuncia contra la opresión de la mujer africana. Su sonrisa enciende de nuevo la portada. Lo mejor de aquél disco sigue latiendo en Seya. Pero ese latido en vez de debilitarse es si cabe más fuerte.

Esta maravilla de color, ritmo y esperanza se encuadra entre las mejores últimas producciones de Gold, como las del gran kora, y compatriota, Toumani Diabate, es decir, se emplean experiencias traídas de otras formaciones extensas para enriquecer y aumentar el mensaje del artista.

La sólida y expresiva banda de Seya, conformada por distintas plantillas sobre la base de instrumentos autóctonos de percusión y cuerda, se ve reforzada por metales y cuerdas convencionales, flauta (emulando a Magic Malik) y batería, teclados y guitarras (tres pilares del afrobeat), materializa el sonido del folk contemporáneo africano en una compacta dimensión eléctrica y acústica.  Todo un gozo para los sentidos escuchar Donso, Iyo Djeli,Mogokele y el final en Koroko.

Imprescindible presente de la madre África que nos trae una de sus más ilustres hijas.