CHRIS
POTTER

The
Sirens
Chris
Potter

(st, ss, clb), Craig
Taborn

(p), David
Virelles

(p preparado, harmonium, celesta), Larry
Grenadier

(b), Eric
Harland

(bat). Grabado en septiembre de 2011 en Nueva York 
ECM
Tras la
abrupta marcha de ECM de Dave Holland, vuelve al sello uno de los
talentos de aquel quinteto ya histórico que tan buenos réditos le
han proporcionado a esta discográfica desde mediados de los 90.
Potter entonces empezaba a despuntar como uno de los saxofonistas más
completos y alcanzaría, dentro de las distintas formaciones de Dave
Holland durante más de 15 años rodando por todo el mundo, un
prestigio merecido que las escasas oportunidades que nos ofrecía
junto a sus grupos (donde figuraba ya Taborn) ampliaba más si cabe
su autoafirmación como creador emancipado.
Chris Potter vuelve al
sello alemán como líder y nos ofrece un trabajo que nada tiene que
ver con estos que citamos y en el que llama poderosamente la atención
la doble presencia de teclados y el uso que hace del clarinete bajo,
aquí señalado en el poético tema que da título al disco. En
realidad, lo que parecía podía ser un choque entre Taborn y un cada
vez más visible en la escena actual del joven Virelles se reduce a
un planteamiento funcional melódico/ornamental con poco riesgo y, se
diría, provecho.
El
enfoque usado por el saxofonista en la confección del disco parte de
la dicotomía discursiva entre un sonido clásico y otro avanzado y
un discurso claramente impulsado por una voz que sobresale en protagonismo, la suya.
Cuestión
que, pese a dejar espacios a solos aislados, hace que condicione la
intensidad colectiva y la interacción.

El enfoque usado por el saxofonista parte de la dicotomía entre sonido clásico y otro avanzado y un discurso impulsado por su protagonismo,

Si
bien resulta evidente que por un lado el hard bop es parte del
lenguaje políglota de Potter, los ritmos latinos (con
reforzamiento en piano preparado en Wayfinder),
el funky y las baladas (Penelope
y Nausikaa,
en exceso dulces con soprano aunque mejor y más onírica la última)
aparecen como canales de expresión no abiertos, teniendo en cuenta
el potencial del grupo, sino más bien restringidos. Destacaría dos
temas que incardinan con este planteamiento renovado de los clásicos.
Por un lado en Kalypso
la cita a Sonny Rollins parece inmediata, aunque es aquí donde el
grupo despide más energía y originalidad de sonido. La otra es The
sirens
,
tema central que se encuadra en la expresión honda y al mismo tiempo
abierta de los preludios de Coltrane, eso sí, bajo el prisma de este
sello.

Stranger
at the gate
se
identifica con el estilo compositivo del músico, como el inicio en
Wine dark sea. Breve introducción e inmediato pulso directo con
desarrollos abiertos que terminan en un sitio diferente del comienzo.
Nausikaa
ya alumbraba un espacio sugestivo de tensión relajada entre celesta
y piano, con Potter en silencio, que ilustra el solitario The
Shades
,
composición corta de los dos teclistas que cierra el disco envuelta en un manto onírico.