Huellas de humanidad

 

La Rosa de los vientos de Mauricio Kagel es una veleta caprichosa que juega con los puntos cardinales igual que con las emociones. Sabe desde donde parte, pero si no te lo dice, cualquiera podría pensar que el camino que describe es otro al torcer la esquina. Es una obra cuyo cometido no es otro que ubicarse en el mundo, ser protagonista de un viaje en el que el  paisaje y las gentes se suceden dejando un poso de vitalidad.

Es una representación de la variedad cultural, del tránsito y la riqueza de los pueblos a través de su folclore. En este “teatro del mundo” y frente a la globalización, en vez de actores usa instrumentos. La Rosa de los vientos nunca se desorienta en su transitar. No se atisban fronteras en este viaje en el que se mezclan sensaciones y visiones que remueven la memoria. Los ejes se ensanchan al tiempo que se dimensionan.

“el mejor compositor europeo que conozco es argentino”

John Cage

 

Mauricio Kagel (Buenos Aires 1931, Alemania 2008), a decir de Cage, en ese juego con pensamiento revelador y paradójico del que gustaba, “el mejor compositor europeo que conozco es argentino”. Compositor y creador de obra personalísima, básicamente autodidacta, estuvo siempre alejado de escuelas pese a pasar en Argentina por los magisterios de Ginastera y Juan Carlos Paz. Aconsejado por Pierre Boulez en Buenos Aires, se asomó por los cursos de Darmstadt (1958), instalándose desde entonces en Alemania (Colonia). Creador polifacético, abarcó en su inagotable catálogo, sobre todo el que se concentra entre mediados de los 60 y todos los 70, el género radiofónico (Die Umkehrung Amerikas), el cine performativo y el video-arte (Ludwing-Van), el teatral (Sur-Scéne) y el operístico (Staatstheater).

 

 

Sus obras saltan o comparten una y otra disciplina artística o de género, haciendo de la ironía y de un carácter burlón (más propio de los latinos que de los germanos) un elemento sustancial de un mensaje que podría estar cerca del dadaísmo.  Su idea de que una estructura musical pudiera ser proyectada visualmente (decía del cine que era la ópera de nuestros días) lo conecta con autores tan poco europeos como Robert Ashley. Es por ello, retomando el testimonio de Cage sobre su persona, que su legado, abierto y multidisciplinar, sirva de puente entre las vanguardias europeas y norteamericanas, lo que lo hace más singular y relevante.

La Rosa de los vientos, poesía viajera cuyo mensaje borra del mapa todo rasgo fronterizo al quedar unida  imaginación y memoria

Kagel, maestro en innovaciones de escritura rotativa y partitura textual, realiza en esta obra una cartografía en movimiento, extendiendo puentes entre Norte y Sur, Sureste y Noroeste a través de un folclore imaginario señalado en acontecimientos que se diseminan por el camino. El pensamiento mágico, lo onírico, el vivencial (la radio, mueble irrepetible de una generación, la del protagonista y su obra), lo poético, que ya está en el título, se alía con ideas occidentales del pensamiento lógico, empírico y centroeuropeo.

Die Stücke der Windrose (1988-94) es una obra de “teatro instrumental” en la que un conjunto de cámara ejerce como “conjunto de salón compuesto por clarinete, cuarteto de cuerda, contrabajo, percusión y harmonium, a   los que incorpora una cuidada gestualidad que trasciende las notas en teatro. Anteceden a esta obra mayor, por su disposición y textura instrumental, dos piezas señaladas: Música para instrumentos renacentistas (1965-66) y Exótica (1972).

 

Sebastiâo Salgado (Sudán)                                                                                                                                                                                            Herbert List (Nápoles)

La exploración geográfica lleva acompañada la cultural. La locomotora del invento es la percusión, que inicia su viaje por la diáspora judía que viene por el Estecon el clarinete y se extiende por regiones ignotas. Atravesando continentes se llega por el Suroeste al Norte. En viaje de ida y vuelta desde el punto inicial se parte hacia el Oeste (EEUU) para encontrar las esencias africanas de su presente y el jazz (la mbira se arropa con pizzicatos, el ragtime fullero en el banjo con cuerdas y armónica).

 

Hay simbología a la hora de la intervención “gestual” de los instrumentos, que ayuda a intuir el recorrido trazado. Si no se sabe el itinerario, se piensa estar en otra parte: “Norte” se representa con sonidos de papel arrugado y metal, plástico y cristales, simbología que refleja descenso de calor en la temperatura, pero también muestra de una civilización acomodada, con su historia manoseada en los libros y sus residuos.

La Rosa de los vientos, poesía viajera cuyo mensaje borra del mapa todo rasgo fronterizo al quedar unida  imaginación y memoria. Huellas de humanidad.