CARLOS BERMUDO 
SEXTET
DREAMS

Debió
de ser por esa época. Coincidí en un par de ocasiones con Carlos y Miguel en el
mercado de la calle Feria de Sevilla. Por aquellos tiempos, cercanos a la
grabación de este disco en 2009, era habitual verles juntos tocando por Triana
o en algún local del centro de Sevilla.
Quiero pensar, sin preguntar al protagonista, que fue así. La memoria, con el
paso de los años, es lo que tiene, que se puede permitir ciertas licencias. Sí,
este disco se empezó a poner en marcha como un puesto de verduras del mercado
de Feria. Cuando lo ves, dices, qué reluciente, qué bien colocao está todo y qué
fresco es el material, mira el contraste de los colores, rojo, amarillo,
naranja, verde…Pero nadie cae en la preparación no ya de ese día sino de todos
los anteriores en que se abre la persiana al despuntar la mañana.
 
Como
en cualquier biografía de músico, la formación, que ocupa no más de dos
renglones, da paso a la experiencia. Y en esto nadie pone en duda que la tiene,
de aquí y de allá. Carlos Bermudo se formó –y bien- en los EEUU (en la Berklee de los Metheny y Gary Burton) tras
poner las bases en el conservatorio de Sevilla. Hoy se va mucha gente al
extranjero, cierto, él se fue cuando muy pocos se iban. Y eso siempre es un
reto, más entonces que ahora. Pero hay una cosa a favor de Carlos, su aspecto
de caballero cuya nobleza reside en la armadura de su afabilidad y en el poder
de convicción de su arma, su guitarra. Con ellos se abrió camino. Bueno, su
aspecto físico, bigote o perilla, piel blanca y pelo lacio que cae sobre la
frente y que tempranamente se fue cubriendo de canas, le confieren cierta
refinación foránea que contrastaba a la perfección con los rasgos duros, la tez
oscura y los rizos agitanados de Miguel. Vaya dos.
Sí,
quiero pensar que justo en esa etapa se grabó este disco, que ha sido una grata
sorpresa no sólo por su contenido sino porque me ha hecho recordar estos
momentos. Y porque el contrabajo de Miguel sigue sonando ahí dentro. Por un
lado, Bermudo cuenta con la veteranía y también con la juventud. Jóvenes hoy y más
hace 4 años, como Javier Ortí, Nacho Botonero o Dani Cano. Descubro que ya tenía formado un
sexteto al que añadía incluso trombón. No dirán que no es atractiva la
propuesta: saxo tenor, soprano y barítono, trompeta, trombón… Añadimos un poco
de flauta y clarinete bajo… Otro saxo tenor… Pedro Cortejosa. ¿Y por qué este formato, cómo suena?
Bueno,
parece claro que el autor tenía interés en combinar estos colores
instrumentales en elaborados arreglos que consiguieran dotar de cierto empaste
al sonido de conjunto. El sonido, la suavidad de las líneas y el detalle con el
que está hecho también nos dan las claves de una obra madura que sugiere
conexiones con el jazz de finales de los 50 y principios de los 60. El disco se
abre con Desayuno, es un tema que se despereza con parsimonia y
delicadeza en una polifonía que tiene esa paleta impresionista que gustaba
tanto al cool jazz. 

Sí, la elección instrumental ya nos daba pistas afines a The Birth of the cool de Miles Davis. Formatos elegantes y
afinados, música fluida y modal… Oliver
Nelson
y The Blues and the abstract
truth
, ese sonido relajado impregnado de swing y de misterio. ¡Pero aquí no
hay piano! Cierto, pero sí está, como allí, Bill Evans. Si Desayuno
abre el disco, The Peacocks lo cierra. ¿Por qué será que Bermudo, pese a ser
guitarrista, parece que hace música de pianista? ¿Por qué el clima melódico de
Bill Evans parece inundar este disco?

La
guitarra de Carlos Bermudo, inmerso
en el trabajo de grupo, dejando respirar a las partituras y
abriendo canales de expresión al saxo de Cortejosa, acaso el elemento que más
incita al movimiento vertical, tiene un trazo limpio y musical y una sonoridad
cálida que lo acerca a lo acústico. Podría estar a medio camino de Jim Hall (sonido y toque
swing-blues) y Joe Pass
(curiosamente, un guitarrista que gustaba de articular varias líneas melódicas
como los pianistas), pero parece identificarse aquí con el espíritu de Bill
Evans. No obstante, en otros contextos en vivo recientes que le he visto, sobre
todo en los espacios de improvisación, en la guitarra de Bermudo anida una inquietud
cimbreante que, eso sólo le pertenece a un instrumento de cuerda, recuerda al John Abercrombie último.
Parece
claro que Bermudo ha configurado un formato basado en estos referentes clásicos
adaptados al presente y sin interés alguno por los artificios virtuosísticos.
Cortejosa, más que él si cabe, es quien con sus solos estimula la intensidad
contenida en planos en los que los metales se desenvuelven con tersura. En medio
del repertorio aparece Wake up, otra llamada al despertar
que une libremente el carácter indómito e introvertido a la vez (como hiciera
Coltrane con Rashied Ali) del saxo tenor de Cortejosa con la batería de Marcos Northern (usando mazas). Si
Claudia nos sugiere al ya citado Oliver Nelson, Querido amigo introduce
una sonoridad hard bop aterciopelada y un solo con sordina de Cano que, en
conjunto, recuerda a Lee Morgan.  


Merienda es uno de nuestros temas preferidos, construido sobre pasajes
distintos, deja un espacio en el que se puede oír la química entre Cortejosa y
el contrabajo fibroso y mestizo de Vargas. Tres estándares se sitúan en la
recta final del disco. Summer in Central Park (Horace
Silver) lleva el delicado balanceo de la melodía hacia un terreno más tropical o más deudor de
la bossa nova, con una guitarra cuyo solo deja paso al tenor del gaditano,
siempre en una tesitura medida, intercalando posiciones agudas y de registros
más graves dentro de un estilo melódico delicado e inconformista a un tiempo, que más
tiene que ver con Blue Note (Hank Mobley) que con el hard bop de los
saxofonistas de Prestige. Tones for Joan`s Bones (Chick
Corea) nos devuelve a Cano con el fiscorno y favorece rotaciones de solos en el
sexteto subrayados por la melodía en unísonos.
Sutil
en cada detalle, sensitivo y cálido en la expresión, Dreams es algo más que un
disco madurado en el tiempo cuyo valor de contraste queda fuera de duda; es un testimonio nada frecuente de buen gusto, humildad y brillantez
compositiva e interpretativa. Miguel
Vargas
aún resuena en solitario en el lienzo que destapa The Peacocks. Sueño hecho realidad.
                                                                                                Por  Jesús
Gonzalo

   Concierto presentación         Dreams  
Carlos Bermudo Sextet 
& Pedro Cortejosa
Carlos Bermudo, guitarra y fl
Pedro Cortejosa, saxo tenor
Dani Cano, trompeta y fliscorno
Javi Ortí, saxo tenor
Nacho Botonero, saxo barítono
Jaime Serradilla, contrabajo
Nacho Megina, batería




Viernes 10 de mayo a las 21:00
Patio del CICUS 
(Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla)
C/ Madre de Dios, 1