El
chiringuito 598
¡¡Ya
está aquí el verano!! A lo largo del litoral gaditano se pueden ver
los emplazamientos en los que en cada estación, justo ahora, se
levantan chiringuitos de playa. Punto de abastacimiento de una
combinación infalible, que hoy, para muchos, pese a ser popular,
puede ser un lujo: una cervecita, una sardina y un vaso de gazpacho,
con vistas al mar. A veces los chiringuitos se apelotonan en la
arena, perdiendo su encanto, pero siempre hay alguno que por su
posición privilegiada da el cante…
Es
normal que se reciba con alegría el verano, más si cabe tras los
meses de lluvia y aguaceros que hemos pasado; pero por aquí abajo,
en Andalucía, cuando vemos los termómetros subir, decimos, “ofú,
quillo, vaya tela la que está cayendo”… y ves que en una semana
estabas a 10 de mínima y te pones en 20, y que si multiplicamos esta
cifra por dos tenemos la máxima. No pasa na, quien puede se va a la
costa a refrescarse, aunque, de un tiempo a esta parte, se ve menos
avalancha de gente, y si preguntas a cualquiera que lleve bares o
chiringuitos te lo confmirarán: la criris se nota cada vez más,
incluso los domingos…Bueno, ya sabemos que eso pasa según para
qué españolito, me digo mientras escucho las noticias por
la radio paseando a pie de playa. Levanto la cabeza de las olas que
rompen sobre mis tobillos y ahí está. Un chiringuito de madera al
lado de unas pocas dunas, en un lugar protegido….Dentro de lo que
se podría esperar, con dos ciudades tan cerca, es lo más virgen que
hay en muchos kilómetros…Un lujo.

Una
dieta a base de sardinas y gazpacho, con una cervecita recién
salido del agua, mientras tienes aún ese sabor salado que deja el
mar en la boca, es lo más saludable que puedes encontrar en un
chiringuito. No se me ocurriría tomar nada con exceso de grasa, “de
eso nada”, pienso. Sigo andando con esa idea fija de que en cuanto
lo vea abierto, en la distancia, entro al abordaje a pedir esas tres
cosas, en orden inverso, claro. Me voy acercando y de repente escucho
la voz de la vicepresidenta. El gobierno anuncia, con esa mezcla de
solemnidad y orgullo, una completa y profunda reforma de la
Administración del Estado. Dice que va a acabar con el “mito de la
administración elefantiásica…” Un tertuliano habla de
liposucción…. “Ves, la grasa no es buena”, digo para mis
adentros.
Me
hace mucha gracia que vengan con éstas, con 6 millones de parados,
una carga fiscal cercana a la de Suecia y una corrupción galopante,
con los esfuerzos que está haciendo esta sociedad. Pero, por otro
lado, igual es verdad que por fin se van a apretar ellos el cinturón.
Porque, oye, ¿qué sería de un político si no tuviera a su
disposición un patio particular donde no llueva y se moje como los
demás? Vale, llámalo chiringuito… Recuerdo que hace un año o así
se “invitó” a las Comunidades Autónomas a reducir las
duplicidades, otro término ad hoc, es decir, a reducir el tamaño de
su “materia grasa”. ¿Y qué hicieron?, ustedes se preguntarán.
Pues eso mismo, se comprometieron a reducir en 600 las empresas
plúblicas y sólo cerraron 2. Genial, pienso palpando la calderilla
que llevo en los bolsillos, dos son las sardinas que me puedo
permitir.
Parece
ser que llego un poco temprano, están justo ahora, se ve a lo lejos,
levantando las portazuelas de madera…En la radio, un murmullo en mi
oído entre el suave oleaje, sale el presi y, con ese mismo tono
solemne que anuncia esta señalada ocasión, cual harakiri al que se
suma incluso el muy dicharachero ministro de Hacienda, va y dice…
“El gasto público y el sector público español no es mayor que el
de otros países…” A ver… ¿Gasto o estructura? No es lo mismo,
y tampoco sé con quién nos compara. Sigo echando cuentas de
memoria…¿Tú no habías leído que había casi tres veces más
políticos en España que en Alemania, manejando datos per cápita
muy pero que muy distintos como país…? ¿No había unas 4000
empresas públicas, fundaciones y consorcios y que de esos sólo 400
dependían del Gobierno Central? Ahora viene lo mejor. ¿Porqué se
esfuerzan en asociar dos terminos no ya incompatibles sino
excluyentes como “política” y “eficiencia”? Ese es el
mensaje más perverso de todo esto, pues manifiestan la voluntad de
hacer a la administración más eficaz pero no se dice nada de
recortarla: funcionará mejor la cosa, ciertas cosas, pero nada de
liposucciones…Introducimos ratios de eficiencia a los funcionarios
(distinguir de empleados públicos…), invertimos en tecnología
para la burocracia (¿también en la independiente justicia?) y con
este plan toda la grasa se reducirá en un pis pas…¿Pero qué pasa
con las Comunidades Autónomas y las Diputaciones…seguirán con su
patio trasero de chiringuitos sin liquidar? ¿Qué hay detrás?
Deambulo
por arena de playa y sin darme cuenta me meto detrás de una duna,
más lejos del mar pero más cerca del chiringuito, del que puedo ver
la trastienda de su cocina. Lo rebaso sin tomar un sendero definido,
entre él y yo sólo hay tierra y un montón de vegetación autóctona
de juncos y otras plantas con flores muy bonitas de colores
encendidos -morado, amarillo, naranja- pero con púas y un entramado
de raíces que sirve, pienso, para protegerse de los insectos y la
arena que arrastra el viento, que puede llegar a engullirlos…
“¡Ey!, por ahí no”…me digo.
Ya
abrió el chiringuito… Es la 1 del mediodía. La temperatura va
pa´rriba, sólo la brisa de poniente calma el ambiente
recalentado… como en la sociedad, recalentado. Subo a la plataforma
de madera, veo cómo la arena de los dedos de mis pies cáen por las
rendijas de cada tabla que la sustenta hacia un fondo oscuro…Llego
con una sonrisa y esa placentara sensación de incomidad que deja el
calor mezclado con el salitre en la espalda. Sonrío. “Una
cervecita sin IVA, por favor, que me dedico a esto de la
cultura”…Le digo con guasa al camarero. Hace una mueca pícara, mirando de reojo mientras se dirige al grifo con el vaso frío, y va
y dice, “quillo, que aquí eztamo to er mundo iguá”… Y le
contesto, ¿todos?