Lucian Ban (piano) Mat Maneri (viola)

Concierto grabado el 5 de junio de 2011 en Targu Mures Transilvania, Rumanía 
ECM

El pianista rumano afincado en Nueva York Lucian Ban nos había ofrecido una lectura expansiva y totalizadora del legado de un autor como su compatriota George Enescu en el que participaba, entre otras figuras relevantes del jazz actual, Mat Maneri. Enescu, como Busoni, son autores que trascienden las fronteras de estilo en la que sus vidas se desenvolvieron. En el caso del italiano, gran pianista, sirviendo de bisagra entre la tradición armónico tonal que él mismo ayudaba a reconfigurar en sus tratados anteriores al dodecafonismo. En el caso del rumano, violinista de enorme prestigio cuya carrera como intérprete ensombreció durante décadas su faceta como compositor, permeabilizando armónicamente y dando amplitud melódica (Bartók resultaría más rítmico y percusivo) a matices de su folclore natal.
 

“La poesía impera sobre las ideas abstractas, que reviste con palabras; ella se extiende hasta los confines más alejados y tiene la mayor independencia”

 Ferruccio Busoni
Piano y viola (por violín) conforman un conjunto de cámara con abundante legado literario en el periodo Romántico cercano al siglo XX. Busoni, sin ir más lejos, lo usó. En jazz y música improvisada (no libre) supone un dúo atípico. El jazz como género centenario que es también tiene su tradición ligada al folclore a través del blues, y atesora su propia literatura, los standards. El violín, con la trompeta, tenía cabida en el proto-jazz de Nueva Orleáns aunque mucho después, ya en la década de los 70, fuera incorporado dentro de la escena libre por Billy Bang o Leroy Jenkins.

 

Teniendo en cuenta la trayectoria del músico de Brooklyn, aventajado alumno de su padre en la aventura microtonal implantada en la creación instantánea, sorprende gratamente su posición melódica en este directo, aunque siempre deje abierta una ventana al quiebro disonante en sus frases y a las tesituras impredecibles. En el caso del pianista, quizá en un segundo plano como virtuoso en su proyecto sobre Enescu, nos ofrece aquí un estilo expresivo profundo, que se desenvuelve cómodamente en el blues, en la digitación clásica y una cuidada, fluida y cromática construcción de solos. Es por ello que unas veces nos recuerde a Duke Ellington y en otras más sombrías a Ran Blake.
El enorme abanico lleno de sutiles matices que destila este disco comprende dos mundos alejados en la distancia aunque no tanto en el tiempo. Ese ancho océano aquí unido es el que separa la versión ignota del blues clásico, único tema no original, Nobody knows the troubles I`ve seen (con solo desarmado de Maneri) de la pieza que cierra este trabajo y que devuelve al dúo a la Europa del XIX en Two Hymns.
Así, los argumentos que impulsan este encuentro se resumen en la frase que abre este texto, por ello encontraremos poesía y tradición, academicismo y libertad. Igual que Busoni intentó recuperar los sonidos de los pueblos olvidados, de una música del pasado sin memoria escrita, Lucian Ban y Mat Maneri recuperan dialogando sin red un terreno sólo por ellos recorrido.
english version 
Lucian Ban had offered us an expansive and totalizing reading of his compatriot George Enescu, who naturalized the native folklore in his music. Enescu, as Busoni, are hinge authors (violin and pianist players respectively) who transcend the style frontiers and inspire the advance without relinquishing the past. Present modernity and tradition, the broad span of subtle hints that this work distils, covers two far apart in the distance worlds although not that much in time: the scholar and late-romantic atmosphere and the proto-jazz up to Duke Ellington. This wide reunited ocean spreads from the classic blues ignota version NOBODY KNOWS THE TROUBLES I’VE SEEN, the only non-original track, to the title closing the album TWO HYMNS, who
takes back this atypical chamber and improvising duo to the Europe of the 19th century.
Lucian Ban nos había ofrecido una lectura expansiva y totalizadora del legado de su compatriota George Enescu, que naturalizó el folclore autóctono en su música. Enescu, como Busoni, son autores (violinista y pianista, respectivamente) bisagra que trascienden las fronteras de estilo e impulsan el avance sin despojarse del pasado. Modernidad presente y tradición, el extenso abanico de sutiles matices que destila este disco comprende dos mundos alejados en la distancia aunque no tanto en el tiempo: el mundo académico tardoromántico y el protojazz que llega hasta Duke Ellington. Este ancho océano reunido es el que separa la versión ignota del blues clásico, único tema no original, Nobody knows the troubles I`ve seen de la pieza que cierra este trabajo, Two Hymns, que devuelve a este atípico dúo de cámara e improvisación a la Europa del XIX.
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Jesús Gonzalo en Cuadernos de jazz.com