Opinión:

Ciclos y génesis

En positivo,
esta sección de opinión de Cuadernos de jazz, que recogemos en este blog, no ha recibido demasiadas críticas para los duros años de crisis que lleva funcionando y los temas que aquí se han tocado. Algunas de las últimas de los lectores atendían a si los
artículos debían desviarse tanto de la cabecera de esta revista: el jazz. El
sensacionalismo no parece ser problema, aunque se podría hablar
de Putin, la homosexualidad…y el jazz.
Jesús Gonzalo

                                       

Escribo
estas líneas, en tarde de domingo, frente a una ventana que tiembla
con una batida caótica y furiosa de lluvia y viento. No
parece ser el momento más idóneo para pensar en “exóticas”
Olimpiadas de invierno, ni en si la verdadera anomalía la tiene
Putin y su régimen, ahora con ínfulas imperialistas de pasado soviético, y no parejas
del mismo sexo que se dan besos menos castos que los de Breznev
en 1980 al bajar del avión.

Qué
tiempos aquéllos de la Guerra Fría…Con el viento que ha hecho, la
antena del televisor de mi casa lleva unos días estropeada…Así se
va a quedar. Aprovecho mi evasión de tele-pantalla para ver un
extraordinario documental (10 capítulos) sobre la Primera Guerra
Mundial, tema complejo donde los haya que aún hoy, y se cumple un
siglo de su inicio este mismo año, sigue dando coletazos en Siria,
los Balcanes y buena parte de África. Surge este tema, que
finalmente elijo de reflexión, tras escribir antes la palabra
“imperialismo”…El Imperio Austro-Húngaro, el Otomano, el
Británico, el Francés, el Alemán, el Belga, el Ruso con vistas al
Mar Negro…todos juntos y revueltos.
Fue
aquél conflicto bélico, la Gran Guerra, algo especialmente atroz y
diría además que absurdo. Antes de enfrentar a Estados, se dice en
el primer capítulo, enfrentó a pueblos, y dejó una clara
conclusión, se sentencia en el último, que tras hacer mil homenajes
a los caídos, levantar soflamas nacionales e inaugurar el patriótico
gesto por el “Soldado Desconocido”, todos los Estados y sus
dirigentes, unos más que otros, comprendieron a su término que algo
se saca de las guerras. Basta con mirar cómo quedó tras ella el
Mapamundi -sobre todo el europeo- y quién hizo negocio para darse
cuenta…¿Es éste un motivo suficientemente importante del que
hablar, cuando no lo hacemos de la crisis, antes que de jazz?

El
Lusitania era un imponente transatlántico construido en 1907 en
astilleros escoceses con capital y gestión americanos. Para su
inauguración se compuso un alegre ragtime con su nombre. El capitán
(¿qué les pasa a los capitanes de grandes barcos?) se tomó a broma
la amenaza de los submarinos alemanes, que habían demarcado una zona
de bloqueo unos meses antes. El 7 de mayo de 1915 recibe varios
torpedos y se hunde frente a las costas de Irlanda, dejando más de
1800 muertos. Pese a la consternación internacional que produjo este
hecho, los estadounidenses no declaran la guerra a Alemania hasta el
17 de febrero de 1917 -dos años después- y no fue por todas las
atrocidades cometidas y todos los barcos hundidos en el Atlántico,
sino por un informe de contraespionaje que los británicos le hacen
llegar a la Casablanca, en el que se demuestra que los alemanes
intentaban provocar una guerra entre México y los EEUU por
territorios del sur como Texas. 

En fin, un plan absolutamente
descabellado, sobre todo porque los mexicanos estaban metidos en su
propia Revolución (fueron los tiempos de las últimas
revoluciones…¿hoy son posibles?). Pretendía así el Estado Mayor
alemán mantenerlos ocupados al otro lado del Océano, para que no
decantaran con su intervención en Europa un final que estaba aún en
el aire.

Y
saben qué, el jazz vino a Europa con las tropas norteamericanas. Y
mientras el 28 de junio de 1919 se firmaba el Tratado de Paz de
Versalles, en el que se repartieron lo que quedaba de mundo, creando
nuevas naciones y castigando a una potencia que nunca asumió su
derrota (…), a Madrid llegaba el jazz. Ya ven si hay relación
entre las cosas…