Mi música, mi vida

Ravi Shankar
Alba Editorial

Basta con leer la firma de dos de los prólogos de este libro para calibrar la influencia de este músico en las músicas clásicas y populares del siglo XX. Yehudi Menuhin y Philip Glass marcan las bases de un argumento trascendental que establece vínculos a través de su persona entre Oriente (India) y Occidente. Habría que ampliar su área de influencia al jazz y el pop, remarcada en la década de los 60 a través de la curiosidad inagotable de John Coltrane y los Beatles. Shankar, pues, como figura dialogante en la mentalidad contemporánea.

Este libro sencillo y pedagógico pretende, así mismo, abrir otro puente, esta vez literario, con Occidente  para ofrecer tanto las claves de una tradición como de una obra propia. Pese a las profundas transformaciones en la sociedad india, el aprendizaje de complejas estructuras basadas en patrones de improvisación ha prevalecido a lo largo de siglos. Shankar nos desvela que la destreza requerida para tocar instrumentos como el sitar o las tablas conllevan décadas de disciplina y dedicación bajo la atenta mirada del maestro.

Esta música, tan antigua y tan distinta, puede resultarnos algo de difícil traducción: cada uno de sus principales instrumentos tiene un sentido simbólico que explican los modos superiores de melodía (raga) o ritmo (tala). Así, el sitar representa la fuerza cósmica, la tampura el tiempo y las tablas la tierra. Las milenarias ragas tienen infinitas combinaciones interpretativas basadas en unos patrones rítmicos. Shankar explica su procedencia histórica y el por qué de este fenómeno. Luego describe las cualidades de los distintos instrumentos y familias en los que se fundamenta la música tradicional (clásica) y distingue las peculiaridades entre la del Norte indostaní y la carnática del Sur.

 

 En una segunda parte del libro, y en primera persona, Shankar va describiendo con paciencia y amor, sin nostalgia pues el fruto de su obra ha germinado y la continúan sus discípulos y su propia estirpe, el proceso de aprendizaje hasta llegar a convertirse en un gran intérprete del sitar y revelarse más tarde como figura mundial. En sus palabras subyace el respeto por la figura del maestro y el amor por el instrumento. La disciplina y la curiosidad nutren un relato, como se ha dicho, pedagógico pero también significativo.