Un genio exuberante, caprichoso y lúcido

Barnum. Crónicas del gran show musical
Alessandro Baricco
NORTESUR musikeon. 249 pp

Resabiado y burlón maestro de ceremonias, dotado de un agudo ingenio que tiene la escasísima virtud de agitar las mentes al mismo tiempo que evoca imágenes, Baricco es una rara avis en cuya grácil escritura se yuxtaponen imaginación, pensamiento ilustrado -versado en  ópera y  música clásica- y cultura popular. En el epicentro de su dialéctica, que se construye y desarrolla siempre sobre un escenario propio, se concitan y estallan en mil pedazos los muros de las llamadas alta y la baja cultura, entre lo académico y la calle. Este libro recopila artículos que escribió para los periódicos La Repubblica y La Stampa en la columna semanal que dio en llamar Barnum (Phineas Taylor Barnum, comediante, como en este cóctel de ideas, que intercalaba en sus espectáculos un hipopótamo, el esqueleto de Cristobal Colón o dos siameses).

Estos artículos salieron a lo largo de la década de 1990 y luego se editaron en dos partes y sendos libros -aquí recogidos en uno- durante el decenio en que saltó a la fama por novelas como Seda, polémicos ensayos sobre la música contemporánea como El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin o el relato teatral que dio origen a la película La Leyenda del pianista en el océano.  Cuenta este texto de lectura sin aliento y sonrisa cómplice (aunque su deuda con el periodismo, los acontecimientos y la época supongan ciertos desfases) con la excelente traducción de una especialista en el autor como Romana Baena Bradaschia y, tasando su valor en perspectiva, del intachable prólogo de Luca Chiantore.

 

Alessandro Baricco, un pensador posmoderno de esa mediterranía que todos debemos de reivindicar como nuestra cultura, alta y baja. Brillante, visionario, irreverente, apasionado, imprevisible, sarcástico, sofisticado, tifosi…

Perlas cultivadas
“La Norteamérica (de Woody Guthrie) es la del liberalismo salvaje y sin red, donde la pobreza y la riqueza pasan a toda velocidad como injustificadas tormentas de arena (…), un mecanismo exacto y demente que produce dinero y expele sin piedad desechos de humanidad”. “Glenn Gould no era precisamente un pianista, él no tocaba el piano, más bien pronunciaba la música. El decía la música. Hacía audibles operaciones mentales invisibles”. “Pulp Fiction de Tarantino me dejó de una pieza: entiendo que es magnífica, pero no sabría explicar exactamente por qué. Y la duda de que, por el contrario, sea una tomadura de pelo, no te la quitas de encima”

Moderneces 
“Michael Nyman gusta, es música endiabladamente sencilla, arrogantemente sencilla, pero no tonta. Es una especie de lujo barato, de genialidad sobrante (…), sería necesario alguien como Adorno, pero nacido en California y criado con Spielberg, para saber decir si se trata de una estafa o simplemente es la música que somos nosotros”. Sobre Steve Reich en El mínimo de la música… “No tiene mucho sentido asistir (…) a la comezón de medias horas de microdesplazamientos sonoros hormigueando en un vacío neumático de ideas”. El Planeta Laurie Anderson, “la gente no aplaude un espectáculo de dos horas, aplaude a Laurie Anderson. Podía venir con un guitarrista y cantar cancioncillas durante hora y media con diapositivas de Suiza proyectadas sobre una sábana: sería la misma ovación.”

Pogorelich y Sakamoto: Metamorfosis del Romanticismo… “Pogorelich se sienta al piano, intenta olvidarse de la absurda situación en la que se ha metido y empieza a tocar. Como Dios, hay que decirlo. Toca como Dios (a Chopin).” Sakamoto, “ni siquiera sabes si está tocando de verdad o si hace como que toca, pero mientras tanto sientes cómo te va llegando esa libido vulgarzota que lleva el sello inconfundible del romanticismo”.

Pensamientos sincopados 
“Da escalofrío pensar que en la matriz de esa polifonía de paraíso sencillo que es el gospel está ya el jazz, el hijo canalla, y el rock, el nieto descerebrado”. “La No Smoking Jazz Band  (el nombre ya de por sí es bobo en su justa medida) tenía un clarinetista que parecía que se hubiera bajado ayer del Titanic, con ademanes a medio camino entre maître de hotel y jugador de pócker: grandísima clase”. “El jazz blanco (hablando de Bix Beiderbecke) es blues sin rabia, ragtime sin burdeles, síncopa sin miseria y, en fin, jazz sin filosofía”.

A lo grande
La Boheme. “Puccini enterró la ópera, y esto hace que su teatro sea inexorablemente fascinante (…) Los cien años de La Boheme son una enormidad y nada. La historia de Rodolfo y Mimí es como el mapa de un mundo desaparecido pero redibujado por ordenador”. “La idea de poner la ópera en manos de los coreógrafos es una de las posibilidades que quedan para mezclar las cartas de la baraja de un espectáculo que corre el riesgo de la momificación subvencionada”. “Quedarse atrincherados en templos inaccesibles, emparedados vivos en el culto de un pasado irrecuperable, no es la mejor manera de defender la música y la cultura en este país” (Dido y Eneas a pie de calle).

De viaje…

Edimburgo 3 “…lo llaman Sunday Fringe, es el domingo en el que el festival se concede su borrachera nacional-popular. Centenares de espectáculos. Todo gratis. Llegan las familias (desde el abuelo al recién nacido), punks aterradores, hijos de flores un poco retardadas, turistas, ciclistas, periodistas (los más tristes) y cientos de perros. Se bebe, se come y se consume cultura alta, baja y media, como proyectadas por un videojuego posmoderno”. Tokio 2… “Todo empieza cuando te das cuenta de que, te muevas donde te muevas, te ves. Empiezas a tener pesadillas. Estás multiplicado en todas las dimensiones cientos de veces. Si intentas escapar, terminas entre máquinas de fotos, fotocopiadoras, teléfonos, faxes y escáners.”