O- Ø
O: Mette
Henriette
(saxo tenor), Johan
Lindvall
(piano), Katrine Schiøtt
(violonchello)
Ø: Mette
Henriette
(saxo tenor), Eivind
Lønning
(trumpet), Henrik Nørstebø
(trombone), Andreas Rokseth (bandoneon),
Johan Lindvall (piano), Sara Övinge (violín), Karin Hellqvist (violín),  Odd
Hannisdal
(violín), Bendik Bjørnstad
Foss
(viola), Ingvild Nesdal Sandnes
(violonchello), Katrine Schiøtt (violonchello),
Per Zanussi (contrabajo), Per Oddvar Johansen (bateria, sierra)

Muy al norte hay un territorio por
el que un pueblo lapón se ha movido libremente durante siglos, buscando las
mejores condiciones para la caza, la pesca y el ganado de renos. Es la zona
ártica de Escandinavia donde se unen cuatro países de la que procede el pueblo
sami, una población de habitantes pequeña con dotes para la música y la
artesanía. Una niña perteneciente a esa etnia se despierta escuchando sonidos
de la naturaleza mezclados con las tonadas que tarareaba su abuela, una maestra
rural con inquietudes artísticas que ha sido fundamental en su formación. Eso
que oía por la mañana la saxofonista noruega Mette Henriette tiene un nombre sin traducción posible:  oOo.
La idea del norte ha motivado en
gran medida el sonido de este sello.  En
una síntesis de emociones entre anhelo y espaciosidad, el carácter de este
sonido nace del aislamiento y la inmersión sensitiva en el paisaje y la luz. Un
sonido que predispone a una experiencia personal y poética, reflexiva pero
también abierta a lo desconocido. El jazz escandinavo se aleja del americano hacia
el norte para nutrirse de su folclore. Es un proceso de autoafirmación y
expansión cultural que ECM ha favorecido sobre todo a través del noruego Jan Garbarek.
Históricas son las producciones que tuvieron lugar en Oslo durante toda la
década de 1970 y buena parte de los 80 teniendo al ingeniero de sonido Jan Erik
Kongshaug a los mandos. Aquí también protagonista décadas más tarde.
Por tanto, el jazz nórdico es más
una entelequia – esa idea que describíamos- que un género en sí mismo.  La búsqueda que propicia el sello y su
productor se ha nutrido de la delicadeza tornasolada de Kind of Blue de Miles Davis y la respiración expansiva de Coltrane  hacia India, pero también de criterios de
música clásica y de cámara ampliados con la apertura cultural realizada desde
los años 80 a compositores situados en la frontera soviética (Estonia) y más
tarde con Eurasia (entre Grecia y Armenia). Todo esto ha enriquecido la
personalidad del sonido del sello y de autores como Garbarek en discos propios
como Rites pero también, con otra
dimensión orquestal, en los realizados junto a  Eleni Karaindrou (Farewell theme para el cine de Theo Angelopoulos) o  Kim Kashkashian para Tigran Mansurian (Lachrymae).  Es justo aquí, y no en otros autores, donde debemos
detenernos para entender el debut de Mette Henriette, un trabajo que queda
comprendido entre criterios de la música de cámara y la programática y, por
supuesto, en el marco evolutivo del “jazz” noruego contemporáneo.
A esta música bastaría ponerle
imágenes o elementos escénicos para encajar su argumento. Pero si prescindimos
de ellos la escucha se hace más exigente. Por esa narrativa concentrada que
evita el juego improvisatorio, variada en motivos repetitivos y a la vez con respiración
alargada, por su capacidad evocativa y estilización tímbrica en conjunto de
cámara es por lo que este disco tiene un carácter propio y se diría que, como el
pueblo Sami, su propio territorio libre de fronteras de estilo.
El primer disco es a trío de saxo,
piano y violonchelo, lo que ya de por sí marca diferencias por singular. Sigue
siendo música programática con un motivo descriptivo pero es más musical y
homogéneo que el segundo. Parte de una idea alegórica que se va diversificando.
Ya aquí percibimos la originalidad del enfoque, un muy cuidado trabajo tímbrico basado
en la vibración y creación de texturas minúsculas casi silentes, que luego
veremos ampliado en paletas de color instrumental en el disco 2. En éste los
temas adoptan forma de bocetos independientes, de islas que acaban conformando
un archipiélago o un cuadro salpicado de  gotas de pintura, haciendo figuras más o menos
nítidas y no pocas veces turbias. El hecho de que en directo Henriette viaje
con un con “diseñador de sonido” nos da una idea del cuidado que hay en la elaboración
del mismo.
Interesante y no evidente el debut en ECM de esta joven. Una música que actualiza la idea del norte uniendo en la modernidad de su sonido al silencio con la naturaleza.

Grabado
en Rainbow Studio de Oslo entre 2013-14