¿Funciona la música?

Los dos libros que ha publicado David Byrne, el primero de ellos Diarios de Bicicleta sorprenden por la cultura que despliega, la visión transversal que desarrolla y la inteligencia y amenidad con la que trata temas complejos como éste. Música como cultura, economía, tecnología, fenómeno social, espacial y estético, ciencia, arte…Con rigor, experiencia y estudios comparados, arroja luz sobre la situación de la música o, para ser más precisos, lo que significa un proyecto musical. Ante tan vasta y diversificada empresa, no tengo claro si compartir su optimismo.

“La música nos dices cosas -cosas sociales-cosas psicológicas, cosas físicas sobre cómo sentimos y percibimos nuestro cuerpo- de un modo que otras formas de arte no pueden hacernos sentir”. El líder de Talking Heads no rehúye en ningún momento el reto que él mismo realiza desde el título: Cómo funciona la música (Random House/Mondadori, 2014). Exhaustivo e innovador tratamiento, compendio organizado de reflexiones, disciplinas y datos de lo que significa escribir un manual de texto que también pudiera ser leído como un blog. Es otro de los desafíos que afronta el músico, cantante, artista conceptual e intelectual que es. Para ello se ha asesorado eficazmente, estableciendo una estructura dinámica (el libro puede abrirse y leerse por cualquier página) sumamente práctica y diría que incluso artística en la confección de cada capítulo.

La clave de este manual didáctico que no fuerza el aprendizaje, descriptivo sin prescindir del contraste de ejemplos numéricos y datos contrastados, evocativo por lo que aportan sus vivencias personales como creador, líder y colaborador,  adaptado al tiempo y sociedad actuales por el uso comparado de las herramientas tecnológicas, es que ayuda a ver a la música no sólo como una llamada, como un impulso creativo irrefrenable, tanto para profesionales como para autodidactas (él mismo), sino también -o sobre todo- como un negocio. Y de ahí las reflexiones que emanan de estudios económicos, curvas de oferta y demanda e histogramas de consumo o producción. Un negocio, viene a decir, en transformación que requiere implementar estrategias flexibles.

Intelectual alejado de toda academia, realiza charlas y conferencias en las que transmite una idea positiva y contagiosa de la creatividad en el presente

El problema queda expuesto desde distintas ópticas y cada una de ellas se abre a un mapa de resultados. El lector, sea músico o no, persigue alguna solución clarificadora. Y Byrne no ofrece soluciones personalizadas ni por países. Perteneciendo a la más creativa e inquieta escena que ha salido del rock y el pop desde 1970, se basa en su experiencia como autor  en “mi vida actuando”(del club en el que empezó con Talking Heads a las cuentas de resultados de su último proyecto con Brian Eno) y su aguda visión sobre el arte.

“La tecnología da forma a la música”

Le sucede algo parecido en el planteamiento, si lo que buscamos son respuestas, a Escucha esto (Seix Barral, 2012) de Alex Ross, teniendo en cuenta que en este libro lo que predomina es un argumento sobre apreciación estética y asimilación social entre las músicas académicas y las populares. Al fin, lo que ofrece David Byrne en su libro, como Ross, son preguntas adecuadas sobre el asunto y respuestas en forma de oportunidades. Ambos apremian, cada uno en su esfera de análisis, a la flexibilidad de modelos y la apertura de mentes.

Tal vez el problema no esté en la música como arte y negocio en permanente cambio tecnológico (unas vías se agotan y otras se abren, este es el posicionamiento alentador de Byrne) o en sus métodos de aprendizaje anquilosados (como señala Ross). Ni siquiera si tenemos que prescindir o cambiar los canales y medios de difusión o de reproducción, luchar contra una legislación tributaria abusiva, a la vez que sufrimos la ineficacia de una gestión cultural pública que no deja nada tras de sí cuando no hay dinero; tal vez, ni siquiera entonces, el problema de la música sea servir como generador de cultura.

Tal vez lo sea si la reducimos a un fenómeno social, o condicionamos sus oportunidades de crecimiento e implantación de mercado a márgenes extremos entre el sobre precio o el menosprecio.

Cómo funciona la música

RESERVOIR-BOOKS NARRATIVA – 2014.

David Byrne