DAVE DOUGLAS

La quintaesencia del jazz moderno

Por derecho propio, Dave Douglas tiene un puesto determinante en el jazz que se ha venido haciendo en los últimos 30 años. Sin él nada sería lo mismo. Empezó en el panorama más inquieto del downtown neoyorquino en el colectivo de músicos que visitaban la Knitting Factory. Es allí donde da sus primeros pasos creando el grupo New and Used y participando en otros de moda de dicho ambiente. Poco después empieza a editar sus propios trabajos como Stargazer, música de Wayne Shorter (mantiene Sounds Prints, un grupo homenaje con Joe Lovano), o Parallel worlds, al tiempo que entra a formar parte de uno de los grupos más importantes de John ZornMasada.  Aquí seleccionamos algunos proyectos de su primera etapa desde 1995-2000 y luego hasta 2015.

Dave Douglas y Uri Caine, dos de las personalidades más influyentes y rompedoras de la escena neoyorquina de las últimas décadas. Coincidieron en sus comienzos y en otros proyectos no muy lejanos, a dúo y en el trío de trompetas Tea for three formado por  Enrico Rava y Avishai Cohen

Como ya dejó reflejado en los años 90 en proyectos como los anteriores, ninguno de los posibles rincones estéticos, adscritos o no dentro de lo que entendemos por jazz, le es ajeno. Su carrera se reafirma en proyectos tan variopintos como su quinteto de cuerdas (Five y Convergence), o con su cuarteto sin piano (Magic triangle), su quinteto (Soul on soul, música de Mary Lou Williams), su trío de guitarra y percusión (Constellations), nuevas formaciones dedicadas a la danza y música de cámara romántica y con tintes populares centroeuropeos (Charms of the night sky, El trilogy), improvisación electroacústica (Sanctuary, ahora  en High Risk), el jazz fusion de Miles Davis (Freak in o The Infinite) hasta llegar al cine mudo cómico de cineasta Roscoe ‘Fatty’ Arbuckle, donde en sexteto unía electrónica, humor, funk sicodélico bajo una pantalla de cine.
Estos son algunos de sus trabajos más destacados de la década de 1990 seguidos a continuación de los más señalados del 2000 desde Keystone.

DISCOGRAFACÍA ESENCIAL

DAVE DOUGLAS TINY BELL TRIOConstellations ● hatOLOGY, 1995. Fue uno de los primeros grupos fundados por Dave Douglas. A este siguieron otros combos que miraron hacia el Viejo continente y contaron con alguno de sus miembros (Pachora o el Matt Darriau’s Paradox Trio). Douglas cuenta con la percusión inventiva, variada y con el groove arenoso de Jim Black y la guitarra asimétrica de Brad Shepik (ambos de Pachora), para desarrollar un discurso abreviado pero intenso, lleno de matices melódicos y enfrentamientos solistas. De Schumann a los Balcanes con acidez eléctrica e ironía cabal. Un proyecto aún en activo que tuvo precedente y continuación en Songs for Wandering Souls.
◆ DAVE DOUGLASFive ● Soul Note, 1995.  Sólo a un Dave Douglas en estado de gracia se le ocurriría unir un trío de cuerdas (violín, Mark Feldman, chelo, Erik Friedlander, y bajo, Drew Gress) añadiendo batería (Mark Sarin) y su trompeta. Esta formación camerística afronta estándares (Who knows de Monk)y temas propios con dedicatoria (Zorn, Lacy, Shorter). Es una propuesta arriesgada que toca el cielo. Exigencia en una escucha a la que no se le hurta del disfrute melódico, del rozamiento acústico de arcos y cuerdas, del ritmo asimétrico y de la verborrea lúcida de la trompeta. Un disco sensacional.
◆ DAVE DOUGLASCharms of the night sky ● Winter & Winter. Ya en su Tiny Bell Trío Douglas había puesto su mirada en los Balcanes, en el folclore húngaro así como en compositores como Schumann. Con el acordeón de Klucevsek, el violín afilado por el romanticsimo y la atonalidad de Feldman y el contrabajo de Cohen, el latir melancólico y el ritmo vibrante de una danza zíngara resumen 13 lienzos de paisajes nostálgicos. Un canto popular perdido matizado por la elocuencia ingrávida y terrenal del acordeón y por el lirismo herido del violín. Dave Douglas nunca ha sonado de forma tan delicada y suntuosa.
◆ DAVE DOUGLASFreak In ● Bluebird/BMG, 2003. Sanctuary era uno de los temas que contenían ese monumento a la modernidad que es Bitches Brew (teclados en ambientes vaporosos, contrastes punzantes e intensidades crecientes). Dave Douglas dio este nombre a un disco experimental de improvisación electroacústica. Este es un trabajo que hace acopio de tecnología, instrumentos exóticos y enfoques renovados del jazz fusión. Muestras afiladas o discursivas se cruzan en el entramado rítmico de tablas; velos digitales se apoyan en volubles espacios atmosféricos dentro de un nervio pulsante.

HIGH RISK

Dave Douglas – trompeta, Jonathan Maron – bajo eléctrico Mark Guiliana – batería acústica y eléctrica Shigeto – electrónica
Greenleaf Music 2015

No existen altos riesgos para un músico que ha explorado casi todos los rincones del jazz moderno para convertirse en paradigma de él. High Risk visita nuevamente una de las facetas que el trompetista también ha abarcado: la fusión electrónica con improvisación. Ya hemos dejado dicho, en alusión al trabajo para quinteto de Peter Evans Ghosts, que Santuary, disco doble en directo de 1997, es posiblemente el trabajo más avanzado para su época, estimulante en sonoridades y rotundo en la combinación de formatos electroacústicos. En Infinity era el turno del Miles Davis post Bitches Brewel enfoque de funk-psicodélico y jazz fusión a tratar.

Con la tecnología punta por bandera en este proyecto, mucho menos aparatosa que antes (nótese que Douglas nunca ha sintetizado su sonido de trompeta), High Risk se muestra como un producto de diseño actual, con un sonido amalgamado de dub-funk-ambient, construido por una renovada base rítmica con DJ usada en el sexteto Keystone, que extiende un decorado sofisticado y envolvente a sus elegantes solos jazzísticos de
trompeta. Buen equilibrio -ejemplar siempre la producción- entre los contrastes rítmicos, los volúmenes, los efectos digitales y su trompeta, aquí más ligera y aérea.

Pero High  Risk, proyecto que salió de gira en Europa antes incluso de  publicarse, no pasará a la discografía de Dave Douglas como una de sus mejores apuestas híbridas con electrónica.

Como muestran estos proyectos, en estos 25 años la producción de Dave Douglas ha sido fecunda, diversa y exigente: calidad e inventiva han ido de la mano

BE STILL

Dave Douglas Quintet

Jon Irabagon (st), Dave Douglas (tp), Matt Mitchell (p), Linda Oh (b), Rudy Johnston (bat) y Aoife O`Donovan (voc, g).
Nueva York, 15 y 16 de abril de 2012. Greenleaf Music 2012

Dave Douglas hace tiempo que ocupa un lugar en la historia del jazz. Su posicionamiento en ella se debe en gran medida a los diversos terrenos de estilo que de manera tan voraz como solvente ha ido abordando, descubriendo ventanas nuevas a la percepción de lo que es y hasta dónde alcanza la vista el jazz contemporáneo. En los 90, en Moving Portraits, fijaba su atención en Joni Mitchell. El quinteto, desde siempre, ha sido y es una de las plantillas predilectas que le han permitido pivotar sobre enfoques híbridos eléctrico-acústicos que han sustentado ideas cinemáticas como las de Keystone. En otro de sus proyectos más recientes traía hacía sí el legado de Lester Bowie en Brass Ectasy, traduciendo el sonido de Nueva Orleáns y el funky sureños en una suerte de folk conectado con proyectos previos inspirados en la refinación romántica y la música tradicional del este de Europa.

Estos tres canales expresivos, la canción como elemento definitorio, el quinteto como estructural y la refinación de un lenguaje popular usado bajo su prisma particular de lo académico, confluyen en una corriente principal de inspiración irlandesa que esta vez sí (nunca antes que recordemos) se acompaña de una cantante especializada en el género: Aoife O`Donovan. El resto del quinteto, salvo la bajista Linda Oh, son músicos de calidad más que contrasta en proyectos de vanguardia como Matt Mitchell (en el Snake oilde Tim Berne) o Jon Irabagon (Mostly OtherPeople Do The Killing), que llegan hasta Douglas por vez primera.

Douglas encuentra la inspiración en sí mismo, en sus recuerdos, nos dice, para ofrecer el más lírico de todos los discos de su carrera, recuperando la verdadera forma de comunicación que proporciona la intensidad y esencia de la música, “lejos del desorden que significa Twitter y Facebook”. El aliento melódico que lo impregna no sólo parte de la música tradicional irlandesa sino también de una respiración amplia y profunda destilada por elementos “cultos” de autores nacionalistas tardorománticos como Sibelius (Be still my soul) y la tradición del lieder de Malher. 

En medio de esa exposición en formato de canción rodeada de exuberancia figurativa en los instrumentos, nos encontramos con dos puntos de interés especial. Uno es el tema instrumental Middle March, composición asimétrica y de tensión free convenientemente arropada tímbricamente en la que sobresale Irabagon (única vez en el disco). La otra es el tema que sirve de cierre, Whither Must I Wander?, de Vaughan-Williams, que subraya en su lenta exposición una respiración melódica que evoca la imagen serena y verde de la campiña inglesa en un precioso diálogo a dos voces entre el piano y la trompeta. Un mensaje recorre el disco, un recuerdo o tal vez una impresión, la evocación pictórica y sensitiva que nos trae el otoño. 

Dave Douglas & Brass Ectasy

SPIRIT MOVES

Dave Douglas (tp), Luis Bonilla (tb), Vicent Chancey (cor.), Marcus Rojas (tba), Nasheet Waits (bat).
Brooklyn, 15 y 16 de diciembre de 2008.
Greenleaf Music 2009
Inesperado y oportuno, estructurado y grácil,  tradicional y revelador, como zahorí de los sonidos que es, Douglas nos descubre algo nuevo citando al pasado, el de Lester Bowie y  su banda de metales Fantasy, en la que unía de manera festiva y libérrima blues, funky y pop. El gesto riguroso y juguetón del autor domina al capricho humorado del de Chicago y suma en su homenaje a Enrico Rava y Fats Navarro (Fats), en un  atractivo y bien destilado enfoque que fluye con acierto sobre dos centros motívicos y en bello contraste entre notas alargadas (incluida la proteica tuba de Roja, más que un bajo) y trenzado rítmico (el sutil groove de Waits).

Bowie, Orujo, Mister Pitiful, Great Awakening plantean rostros animados sobre el legado sureño del blues y el “espíritu” de Bowie. Rava, The View from Blue Mountain, The twilight of the dogs, The Brass Ring y el hermoso folk-blues I`m so lonesome I could cry, de Hank Williams, ofrecen, en cambio, un trazo polifónico más personal y poético.

  DAVE DOUGLAS 

Keystone Sextet

Moonshine(Greenleaf Music) fue la entrega, esta vez en directo y completada luego ampliamente en 3 cedés en Spark of Being, de uno de los proyectos más duraderos y agradecidos por público y crítica del músico. Fue considerado uno de los mejores discos de 2008, continuación del de estudio bajo el nombre Keystone (Greenleaf Music, 2005) que incluía demás del cd un dvd con la sesión de música sobre la pantalla.

Keystone era  una cinematográfica de los Ángeles dedicada al cine mudo cuya producción, comprendida  entre 1913 y 1916, tenía a Roscoe ‘Fatty’ Arbuckle de estrella. Con este espectáculo Douglas recuperaba a ese personaje histriónico del cine mudo definiendo un trabajo audiovisual animado e irreverente de jazz-funk y aparataje eléctrico de conexiones sicodélicas (Fender Rhodes).

 Habría que remontarse a principios de los noventa, en un lugar como la Knitting Factory, para encontrar el germen creativo que unió a los jazzmen del downtown neoyorquino al cine mudo. Dave Douglas, de hecho, participó activamente en este enfoque junto al contrabajista Mark Dresser y al pianista Denman Maroney en la película El Gabinete del Dr. Caligari (Knitting Factoryworks, 1994), otro título mítico del expresionismo alemán. Pero ese era un proyecto de Dresser. En cambio, el discurso juguetón, irónico, animado y virtuoso de Douglas encuentra en el cine cómico surrealista de Roscoe Arbuckle un plano más ajustado a su carácter (y al de su trompeta). 
                                                                                                 

DAVE DOUGLAS KEYSTONE SEXTET

 DAVE DOUGLAS, trompeta; MARCUS STRICKLAND, saxo tenor; ADAM BENJAMIN, teclado;

BRAD JONES, bajo; GENE LAKE, batería; DJ OLIVE, electrónica.

La música no está al servicio de las imágenes, pero tampoco se desvincula de ellas (intensidades crecientes en la tormenta, en las escaramuzas de ‘Fatty’ con el perro, que era suyo en realidad, y en las estrambóticas peleas). Segundo punto llamativo, la paleta instrumental. La compleja amalgama de fuentes que incluye el sexteto (acústica, eléctrica, percusiva y paisajística) no hace que éste pierda en ningún momento un empaste homogéneo y espontáneo.

Dj Olive desarrollaba un puesto destacado en la construcción sonora y sirve para introducir elementos figurativos y sonidos concretos a la acción (muecas, puertas, balbuceos, estornudos). Es un traductor que también pervierte la realidad de los fotogramas creando alfombras borrosas con el arrastre de un scracht lento. Los dúos entre platos y trompeta inciden en el tono juguetón y humorado del actor cómico. El Fender Rhodes de Jaime Saft, que ha dado paso al de Adam Benjamín (Kneebody), introduce un colchón burbujeante, planos de ambientación y melodía sicodélica. La batería de Gene Lake empuja con un groove variado y potente que se acelera (drum & bass). Los saxos de Marcus Strickland, como la trompeta, perfilan la acción como actores principales. El bajo de Brad Jones sostiene un pulso funky y melódico a la vez.
El contraste entre el color musical y el blanco y negro, entre escenarios rurales y el sonido cimbreante del Fender, imprime singularidad a esta lectura estimulante y marciana.