El turista accidental


Uno de los detalles más interesantes de esta película consiste en la descripción del método por el cual el protagonista, un ser solitario suspendido emocional, social y casi físicamente en el pasado, elabora guías de viaje con austeridad y eficacia. El personaje interpretado por William Hurt se las apañaba para poder meter todo lo necesario en una pequeña maleta. Lo justo y nada más, porque si no, lo que podía ser razón para una mayor comodidad se convertiría en obstáculo.

 
                                                                                          Por Jesús Gonzalo

Austeridad es una palabra corriente que hace antipática la pesada maleta que arrastramos por la realidad diaria. Tiene un significado casi religioso, y también pragmático o puramente económico. No cabe frivolidad posible cuando la mirada está puesta en evitar el desaliento. El calor llega con un aire más ligero, capaz de que dispersar ideas y de mezclar recuerdos pasados y presentes.

Macon Lary, como se llamaba el insípido escritor de la película El turista accidental, casi consigue trasladar cierta idea de control, de austeridad y sobre todo eficacia a sus sentimientos amurallados, aunque para alguien tan metódico y viajado se le pasó por alto algo imprevisible: la fantasía. Al final, como conclusión metafórica, ese compendio de objetos o ideas útiles que cabían en una maleta le pesaron tanto como los recuerdos. La carga se le hizo tan grande que optó por abandonarla en una acera cualquiera de París. Ligero de equipaje, viene a decir, se viaja mejor. Lo más evidente es lo que tenemos delante.

Te levantas de la cama y es la guerra. La misma guerra de ayer que escuchas cada día en la radio. A veces has creído haber escuchado, a través de los auriculares del teléfono móvil, susurros que gritan “austeridad y eficacia”, mientras que a lo lejos, y como sintonía, Wagner con valquirias de políticos anuncian su llegada sobre la población. No se puede comprar el tiempo. Esa deuda es sólo mía.El aire no pesa, ¿o me engaña? Olores y colores bañados por un sol impacable parecen susurrar los secretos de su supervivencia: la  nostalgia del otoño. Invitaa encontrar belleza en las sombras del ayer, prefiero deleitarme con la sinfonía de color de las hojas cuando alcanzan su madurez, o mientras camino mirar hacia abajo a esas piedras mojadas que reflejan las letras emborronadas de un luminoso; o sorprendiéndome la noche ante unos detalles policromados que nunca había distinguido en el pórtico de esa iglesia, y cuyos relieves, desgastados con el paso de los siglos, dibujan  figuras grotescas y caprichosas. Ya llego. El refugio es un hotel barato que está a la vuelta de la esquina de un concierto en otra ciudad.

Los pesos se desequilibran en la balanza que es el otoño. Los que se arrastran y permanecen agazapados entre montañas de deberes y deseos frustrados se contemplan con serenidad. Los nuevos son recibidos con cautela y, como Macon Lary, con cierta incomodidad pasajera. Llega el otoño con menos peso que el año pasado.

El turista suelta lastre y se dirige a la siguiente estación.