Django film 2017

DJANGO

Imágenes sin swing

El guitarrista de origen gitano y nacido en Bélgica protagoniza esta película francesa que se sitúa en la invasión alemana de París en los años 40. Su música era vibrante, sensual y refinada, un cóctel de melodías de arraigo popular en la tradición de las cuerdas de los pueblos centroeuropeos. Todo ese palpitar de una personalidad artística y biográfica únicas, con un guión proclive a la intriga, se dilapida en esta película de Etienne Comar lastrada por cierto formalismo y por el contexto bélico.

Charlie Christian sería para las enciclopedias y ensayos musicológicos quien inaugura la guitarra moderna en el jazz. Hasta entones su uso venía lastrado, o tal vez condicionado, por la presencia en los estilos rag de otro instrumento, el banjo. El estadounidense, de Texas y negro, incorporó líneas melódicas en un desarrollo solista en el que confluían esencias de folk y blues. Esto sucedió a finales de los años 30. Pero ya para entonces en Europa había un grupo que causaba tal sensación que era conocido en Norteamérica.  Si Christian tenía detrás la tradición del folk-blues sureño, Django Reinhardt (1910-1953) llevaba encima la de una carroza que sigue los pasos de un pueblo errante como el gitano. Por eso para hacer música, mientras iban de aquí para allá, necesitaban instrumentos pocos pesados, que fueran fáciles de llevar, como el violín o la guitarra. El Quinteto Hot Club de France, y su versión posterior con clarinete (foto inferior), representa un estilo de swing de cámara genuinamente europeo, procedente de los pueblos del este de Europa y los Balcanes, pero también del sur como Italia o España (por la guitarra).

 

La música de Django Reinhardt es un estado de ánimo positivo y contagioso. Provoca entusiasmo, cercanía. Una mezcla única de folclore gitano y música de cámara impulsada por el rag y el blues. Nada de eso transmite esta película francesa que lleva su nombre. Es como si le hubieran robado el espíritu, el swing

 

Tras una huida en un bosque en la que alguien efectúa disparos contra un grupo de gitanos (alcanzan al cantante y guitarrista del excelente grupo folclórico Bratsch, Dan Gharibian, aquí haciendo un cameo), la película arranca en el presente con un concierto del quinteto de Reinhardt que arrastra un tópico, que es el de llegar tarde al escenario por estar entretenido en cuestiones peregrinas: en la gira que el mismo Duke Ellington le facilitó en los EEUU en 1946 hay una anécdota parecida cuya causa fue una hermosa mujer, aquí es porque estaba pescando en el Sena… El grupo llena el teatro, la expectación es máxima. El público espera ansioso a su héroe, un músico que no huyó en tiempos de guerra. Pero el Hot Club de France ya había sufrido el abandono del violinista Stéphane Grappelli, en Londres, cuestión que supondría la fractura en su relación: Django jamás se lo perdonó.

La historia, con su verosímil decorado, se ambienta y penetra, quizá por ello adopta cierto tono apesadumbrado al que la banda sonora original con órgano ayuda, en la amenaza que suponen los nazis para toda Europa; reitera y acentúa también lo que podría pasarle a un gitano tullido (recuerden que pese a su virtuosismo tenía inutilizados dos dedos de la mano izquierda al incendiarse su caravana siendo niño) que toca jazz y que hace bailar a la gente (era del swing). Que hace una música que no dejaba de ser de negros, degenerada para el régimen alemán, o que significaba algo peor, propaganda:”Su talento es indiscutible, le dice un alto cargo del ejército en su despacho, pero está en manos equivocadas, puede llevar a la violencia y al desorden”. “Sólo toco música”, le contesta el guitarrista. “No sea inocente”, le replica el militar.

 

“Sólo toco música”

El perfil bajo de Reinhardt que describe esta película de debut como director y coguionista de Comar es legítimo (“eres la única persona a la que no ha cambiado la guerra”, le reprocha un personaje femenino destacado), pero pese a contar con ambientación histórica y unos hechos amplificados por el personaje y su etnia (Le bourget era el campo gitano donde vivió de forma intermitente hasta 1951), más los ángulos que proporcionan familia, mujer y amantes, el relato de los hechos es aparatoso y sin ritmo. Su comprometida gira por Alemania absorbe el potencial artístico del protagonista e incluso limita el humano al sumergirlo en una historia que no avanza.

Pese a esta sombría y distante visión que se ofrece del músico, a más de 60 años de su muerte, el fenómeno Reinhardt continúa muy vivo. Además de su influencia en otros guitarristas,  por Europa se celebran Festivales que tienen por bandera su “patente”, el jazz manuche, que es una extensión de su estilo mezclado con la tradición gitana, ya sin límites geográficos al tomar otras canciones populares. Una leyenda que no ha sido suficientemente bien explicada, con toda la riqueza y viveza de los matices biográficos y culturales que representa.

DJANGO

Dirección: Etienne Comar

Guion: Etienne Comar, Alexis Salatko

MúsicaWarren Ellis

FotografíaChristophe Beaucarne

RepartoReda Kateb, Cécile De France, Maximilien Poullein, Ulrich Brandhoff

Francia 2017