Con este libro iniciático, pues invita al lector a descubrir una visión distinta de la música, Stefano Russomanno, estudioso italiano afincado desde hace más de 20 años en España, se compromete no sólo con su tarea de investigador y divulgador, sino con su amor sincero por un acontecimiento que nos transforma y cuyo rastro vital está repleto de conexiones poco frecuentes. Un original ensayo que incita al pensamiento y a la pasión, al descubrimiento de los vínculos íntimos y secretos de una música imperecedera

 

Desde el rigor y la amenidad, dotado de una inusual capacidad ilustrativa de historiador de arte en sincronía con la erudición detectivesca y el análisis de partituras, el autor ofrece un relato sólido pese a partir de un título y de una idea pitagórica un tanto misteriosa o casi esotérica: ¿cómo suenan los anillos de Saturno? Además de coherente, de lectura apasionante y reposada, el libro ofrece una conclusión en forma de telaraña tejida sobre los misterios y la belleza que une obras capitales descubiertas en primera persona. Como detective y amante minucioso explica, describe y desvela las músicas y los sonidos en sus relaciones más íntimas con la creación o en su medio, pasando de un planteamiento cosmogónico (Universo) a detalles minúsculos o enigmáticos (rastros historiográficos mezclados con biográficos).

El musicólogo y crítico Stefano Russomanno ha escrito un relato apasionante desde el rigor y la alegoría. Un libro que alumbra, también en primera persona, la visión pitagórica de la “Música de las Esferas”. Un recóndito y esotérico motivo sobre los anillos de Saturno sirve de apertura a una estructura admirable que, capítulo a capítulo, va completando un círculo esclarecedor

 

Del alumbramiento al descubrimiento, a un paso de la epifanía sin perder pulso analítico ni descriptivo, el libro usa una fórmula que va de lo pequeño a lo grande y viceversa. En su estructura, hilvanada por una emoción que la hace “invisible”, ofrece una visión poliédrica de épocas y autores del barroco a la música contemporánea o el medio natural resonante. Siguiendo las pistas de lo no-evidente, Russomanno va escudriñando en El Rey y sus planetas la singularidad cósmica y el interés por “el arte retórico” de La Ofrenda Musical de J.S.Bach, “ninguna de sus obras tiene una génesis tan circunstanciada, los misterios acerca de su significado se multiplican”, que da paso a Músicas para la Eternidad, con la música como fenómeno que sucede y varía en su percepción por repetición como en “Vexations” de Satie. “Nada suena tan frío como las músicas invernales de Schubert”, así se introduce el capítulo dedicado a obras inacabadas del compositor, en las que Russomanno incorpora un análisis comparado entre distintas versiones de dichas obras, con la sensación, por inconclusas, “como si la música se asomara a un precipicio y cayera a él sin previo aviso”.

Especialmente brillante es el capítulo dedicado a Anton Webern bajo el oportuno título de “Sonidos en un paisaje de nieve”, en el que teoriza sobre la equívoca idea de que se le adjudique ser “un maestro de la concentración, porque concentrar es comprimir: meter algo en un contenedor más pequeño que ocupa menos sitio…incluso en sus dimensiones atomizadas, las notas respiran holgadamente, se presentan espaciadas. No hay indicio alguno de compresión”.

“En Busca de las Ninfas” es uno de los capítulos del  libro. En la foto el cuadro de John Willliam Waterhouse  “Hilas y las Ninfas” (1898)*

“La música secreta del Duque” supone una atractiva anécdota de finales del siglo XVI italiano en torno a un círculo de creación dirigido por Luzzascho Luzzaschi que se disfruta plenamente por la sutileza de la descripción. En “Ragas de noche y de la mañana” el autor se imagina un hilo musical ideal para cada una de los momentos de una jornada. En “Siete Guerreros” se sumerge en la intrincada música del compositor Francisco Guerrero, con quien mantuvo una relación cercana “cuanto más pienso en Guerrero más veo en él a un pitagórico del siglo XX”. Por último, podemos destacar la serie de capítulos en los que la Naturaleza es la protagonista directa o indirecta. Comienza con “Voces del agua”, que tiene a Ligeti como protagonista, y les siguen “En busca de las Ninfas” (fascinante), “Música Selvática” (sobre ranas y sapos y su croar, que para el autor son “como los pájaros de Messiaen”) y ya al final “Por qué cantan los pájaros” (la mejor conclusión: “los pájaros cantan porque les gusta, porque disfrutan con ello, porque les hace ser lo que son”).

El enfoque de este ensayo, la selección de temas, autores y su colocación capitular, desvela una fuerza gravitacional que gira alrededor de la forma “esférica” que el argumento acaba teniendo. El resultado es una declaración de amor profético sobre la obra intemporal y su valor como “clásico”, como algo que siempre ha sido “moderno” o que sencillamente forma parte de la Naturaleza.

“La música Invisible (En busca de la Armonía de las Esferas)”

Stefano Russomanno. Edita Fórcola. 190 páginas. (enlace editorial)

* Es una pintura que representa a  jóvenes ninfas  desnudas tentando a un joven. Este cuadro  fue retirado el pasado febrero por La Manchester Art Gallery  al ser considerado  “inadecuado para el público moderno”.