Hermann Hesse escribió sobre la duplicidad de la condición del hombre en El Lobo estepario.  En su argumento contraponía intelectualidad y naturaleza desnuda. Justo lo que hoy nos transmite su trayectoria musical. Nos ha dejado el pasado 11 de mayo un pianista mayúsculo. Nació ucraniano pero se nacionalizó noruego. Solía tender al solipsismo, como el personaje de Hesse. Y dejó un testamento en solitario titulado At home.  En nuestro recuerdo queda la exaltación del folclore ruso-moldavo de su proyecto más memorable: Moscow Art Trio.

 

Mikhail era un nombre muy pomposo, como de un pasado nobiliario, es mejor Misha, me dijo discretamente Arkady Shylkloper un día del año 2000 en el que le vi acompañando a la Vienna Art Orchestra. Conocí la música de Misha Alperin (Bessarabia, Ucrania, aldea rural cerca de Moldavia, 1956) por causalidad, o mejor dicho por curiosidad. Me encontré por causalidad o por curiosidad con su primer disco en ECM a dúo con Arkady Shilkloper (trompa, horns). Jamás había oído hablar de ellos. Esto sería a principios de los 90. El disco con foto en blanco y negro de un edificio que parecía una iglesia fortificada, rodeada de un paisaje solitario y amenazante, se titulaba Wave of Sorrow (1990). Me dejó fascinado, no sé las veces que lo escuché seguidas.

Nunca oí nada parecido (recuerden que el Muro de Berlín acaba de caer). En su interior había en él un vigor (poderosa mano izquierda) y una energía asombrosa, melódica y rítmicamente hablando, pese a contar con momentos de lirismo en suspensión y gravedad expresiva, todo ello perfectamente ensamblado por un dúo de conjunción única. Se trataba de un encuentro entre la música tradicional ruso-moldava y la música clásica del siglo XX, sobre todo de un autor tan de la tierra y con tanta humanidad como Bela Bartók. A eso respiraba esta música. A eso y a un lenguaje jazzístico que se filtraba como estímulo sin acaparar la atención y sin soslayar las fuentes de raíz popular de una música vestida de academia liberada. Lo grabaron la primera vez que visitaron Noruega en una gira en 1989. En 1993 se instaló en Olso como profesor de la Norwegian State of Music.

Luego le seguí la pista hasta llegar al Moscow Art Trio, su proyecto más fecundo aunque quizá menos personal (o más si lo comparamos con los posteriores), porque lo compartía con dos maestros rusos con los que coincidió en la capital en 1990, Arkady (venía de la orquesta del Teatro Boslhói) y Serje Starostin, etno musicólogo, clarinetista y flautista.

Moscow Art Trio, Arkady Shilkloper, Serje Starostin, Misha Alperin, canciones de las estepas bajo un cielo estrellado

Caudal irresistible de voces y cantos a la tierra en la cotidianidad de los pueblos ganaderos de las estepas, el Moscow Art Trio fue una llanura fértil de improvisación entre tres maestros que hacen uso de instrumentos tan distintos como piano, trompa y diversos vientos de tradición folclórica. El brío transhumante de esta música se expresa en desarrollos largos en los que se invoca a la libertad de las llanuras, con la mirada atenta del que toma el pasado para construir algo nuevo.

Este histórico trío en el jazz ruso se mantuvo sobre los escenarios hasta no hace mucho, dosificando mucho su presencia. Al tiempo, Alperin, desde Oslo, uno de las sedes de la escudería ECM,  ofrecía en este sello una música que se alejaba de los Urales y de la alegría compartida para instalarse en una soledad austera y refinada. Antes Mompou que Bartók, en sus trabajos posteriores en ECM el entusiasmo y frescura de Wave of Sorrow (título engañoso)  dieron paso a obras de diseño a medio camino entre la música para ballet y la cinematográfica. Descriptiva, sí, pero en la que se percibe un abandono a formas cultas de cámara, en variaciones instrumentales, que se hicieron repetitivas y solemnes.

Salir al paso de un camino en las enormes praderas rusas, escuchar la voz del pastor que llama al ganado, intuir que el piano hace las veces de tu caballo en el que cabalgas mientras la trompa sigue llamando a los cielos, en esa tierra fértil que descubrí con Misha Alperin, allí se queda su recuerdo.

Dos discos para el recuerdo

El directo desde Hamburgo (foto de arriba, registro del 26-01-1996 y editado ese año por JARO) y Wave of Sorrow (foto inferior, ECM 1990), éste último fue el primero de 6 títulos para el sello alemán,  donde publicó con el saxofonista John Surman (First Impression) y la chelista Anja Lechner (Night y Her first dance). Estuvo 14 años sin sacar ninguno. Luego saldría a piano solo At home.  Son los trabajos de este último periodo en los que su música torna más quejumbrosa y solemne, con una inclinación hacia un estilo de cámara más frío y reflexivo que la experiencia terrenal del Moscow Art Trio