Ha sido su última película. La despedida de uno de esos secundarios enormes como los de John Ford. Le descubrimos en películas de los 80, en las de David Lynch y por supuesto, con la música afilada de Ry Cooder, en el«París, Texas» de Win Wenders, su primera como actor principal. Pero, entre paisajes desérticos y piel de vaquero, Harry Dean Stanton era una cara que dejaba huella en ese segundo plano. Como Richard Fansworth, rescatado en ese viaje último que fue The straight story (1999),  rareza humanista y contemplativa que dirigió  David Lynch en la frontera entre un siglo y otro, en la frontera entre la vida y la muerte del viejo actor. Una”historia verdadera” -como aquí se tradujo- narra un último esfuerzo para reencontrarse con su hermano, con el que hacía años no se hablaba. El hermano que le esperaba para ver las estrellas, como cuando eran niños. Su “hermano” estaba interpretado por Harry Dean Stanton.

Dos películas, dos despedidas, dos actores y un vínculo creativo, David Lynch, aunque ahora quien dirige sea otro Lynch, John Carroll Lynch. Mientras el Straight de Richard Fansworth recorre en su segadora miles de kms en una road movie que se asemeja a una pequeña odisea ulisiaca, con paradas y revelaciones, el personaje de Harry Dean Stanton en Lucky (dos nombres con recorrido metafórico) se asienta en lo cotidiano, en el levantarse con esfuerzo en la misma habitación, con la misma nevera, en la misma casa destartalada.

Una puerta de despedida a la vida,  con  la estética onírica de David Lynch, director amigo de Harry Dean Stanton, que aquí hace de actor

 

El punto que une a ambas películas hay que buscarlo en sus personajes. La decadencia del cuerpo y la inexorabilidad de la muerte contrasta  con la voluntad de afrontar esa realidad con dignidad y con una valentía resignada a la debilidad. El carácter y la soledad humilde del personaje luchan contra  la actividad silenciosa y austera de la muerte. El relato, con sus espacios para el surrealismo y la alegría colectiva, evita el pesimismo desde un relajado naturalismo que trae un día más a la vida.

Lucky recibe el calor y el respeto de las personas que se le van cruzando como si de apariciones se tratara. Poco o nada se sabe de su pasado, todo se reduce al presente, con sus dificultades, con ese tiempo de aseo que sin parecerlo, como decía Umbral, supone el mayor acto de coquetería cotidiana del anciano. Situado en algún lugar del sur cercano a la frontera con México, la música tiene un papel destacado como expresión de generosidad. Amigo personal de Bob Dylan, en cuya película documental Renaldo y Clara participó a finales de los 70, la música era una de sus aficiones como cantante con banda propia que hacía rock, blues y tex-mex. Aquí canta en español con un coro de mariachis, una de sus debilidades.

El peso del escrutinio del tiempo da luz a esta historia nada sombría. La última película del emblemático actor Harry Dean Stanton, protagonista de «París, Texas», es capaz de mostrar lo cotidiano y lo inevitable.

 

Título original: Lucky
País: Estados Unidos
Año: 2017
Duración: 88 minutos

Dirección: John Carroll Lynch
Guión: Logan Sparks, Drago Sumonja

Actores: Harry Dean Stanton, David Lynch, Ron Livingston, Ed Begley Jr. Tom Skerritt, Barry Shabaka Henley, James Darren, Beth Grant, Yvonne Huff

Dirección de Fotografía: Tim Shurstedt
Música: Elvis Juhen
Edición: Robert Gajic