Desde el año 2006 el baterista Dan Weiss ha intentado poner en marcha este grupo que presenta ahora en 2018 su primer disco. Con esos nombres –élite de la modernidad creativa–  cuesta pensar, por agendas propias de cada uno, lo difícil que será trasladar la idea a los escenarios. Es decir, que si Weiss pensaba ya en estos sonidos hace 12 años, en esta misma entrada hemos ido recogiendo proyectos que nada tienen que ver con esta propuesta. Aunque ya para su espléndido trabajo a trío Timshel (ver más abajo) de 2011 señalábamos el interés del autor por dos estilos musicales muy alejados: la música de la India y las tablas (las toca y participa en los grupos de Rudresh Mahanathappa Indo-Pak Coalition y Rez Abbasi) y las corrientes diversas del metal. Son los sonidos más aguerridos del rock los que inspiran Starebaby.

Dos de los mejores pianistas del momento, también usando teclados, Matt Mitchell y Craig Taborn, coinciden aquí. La guitarra la pone Ben Monder y el bajo eléctrico un colaborador habitual de John Zorn, Trevor Dunn, especialista en la densidad eléctrica del thrash metal. El primero de la izquierda es Dan Weiss, vistiendo una camiseta de filiación inconfundible

Es justo el sonido aguerrido y la complejidad rítmica, con el genio indudable que proporciona este colectivo, la seña de identidad de este nuevo trabajo. Dan Weiss es un baterista de técnica asombrosa, posiblemente uno de los más dotados del momento. Pero a la hora de elegir proyectos, pensando a lo grande del modo compositivo en Fourteen (ver a continuación) o aquí por los nombres que reúne, es como si la idea se desvirtuara a sí misma, quedando relegada una cuestión formal, a una idea hueca. Mucho más interesante nos parece, siendo menos ambicioso, el sonido que consiguió con su trío, junto a Jacob Sacks y Thomas Morgan.

Un experimento que está en línea con los intereses de demarcación pop-rock que la escena neoyorquina del jazz actual viene desarrollando desde los tiempos de la Knitting Factory (Spanish Fly sería un ejemplo, el Painkiller de Zorn otro), y que en ocasiones ofrece estimables encuentros que renuevan el léxico, como es el caso del portentoso trío BB& C (Tim Berne, Jim Black, Nels Cline), el grupo Overseas de Evind Opsvik  o los proyectos propios que lleva a cabo otro baterista, Mike Pride, también como colaborador en el muy aconsejable Pretty Monsters de Katherine Young.

DAN WEISS STAREBABY

Craig Taborn: piano, Fender Rhodes, synthesizers; Matt Mitchell: piano, Prophet-6, modular synthesizers; Ben Monder: guitars; Trevor Dunn: electric bass; Dan Weiss: drums.

Pi Recordings-2018Distrijazz

Dan Weiss-Fourteen

(Pi Recordings, 2014)

Los formatos orquestales en el jazz de hoy plantean múltiples combinaciones instrumentales que nutren de nuevas sonoridades y color al conjunto. El baterista Dan Weiss nos sorprendió con la cualidad espacial y de tiempos que consiguió en Timshel, su trabajo previo en disco pero en un reducido trío. Ahora nos entrega Fourteen, atributo numérico de una plantilla mixta que reúne varias familias de instrumentos, voces y naturaleza acústica y eléctrica. Grupos referenciales previos a este formato, por supuesto, estaría Scalator over the Hill de Carla Bley, estando entre los más recientes que se nos vienen a la cabeza los de Tony Malaby en Novela y el de Lucian Ban en su homenaje a George Enescu con violín y tablas indias. Aunque conviene acotar el análisis al terreno de bateristas-compositores como el que nos ocupa.

Tres de los más reputados son Jeff Davis, que en We sleep outside eligió una plantilla que se estructuraba sobre un quinteto ampliado con teclados y guitarra, antes que él, en esa configuración mixta, el que conformó Harris Eisenstadt para el estupendo Woodbloks Prints (con vientos madera y metal, guitarra eléctrica y percusión) siendo el más celebrado y conocido el proyecto de John Hollenbeck y su Large Ensemble, donde se perfila una dimensión orquestal renovada .

Si la debilidad de Fourteen es la aliteración de sus fuentes, su grandeza está en la capacidad de síntesis y servir de puente, una vez más, entre Oriente y Occidente.

Pero hay elementos que van más allá de un enfoque actualizado sobre plantillas jazzísticas en Fourteen. Elegir como título un número, antes que remitir a la historia del jazz y sus big bands, lo hace de la vanguardia americana de John Cage (las últimas obras que escribió antes de morir, a finales de los 80, para instrumentos acústicos se bautizaban con el número de interpretes que las hacían posible: Four, Ten, Fifty eight) y antes que Cage incluso, a mediados de los 70, Steve Reich y su escueto y fundamental título Music for 18 musicians.

Fue justo con esta pieza cuando su autor, erróneamente así considerado aún, dejó de ser minimalista. Se da la circunstancia, además, que Reich adaptó a un formato instrumental occidental el gamelán balinés, mientras que Weiss, ya sabemos que es un experto en tablas y música de la India, escribe y organiza el material como si de una raga se tratase, extendiendo horizontalmente el motivo central, sumando intensidad antes que alturas y compartiendo la visión cosmogónica del generó hindú. Weiss no resulta original en su planteamiento. Adopta y cita casi de forma textual por momentos las maneras repetitivas y en planos, la heterofonía, del Steve Reich de Clapping Music (juego cruzado de palmas) y Tehillim (Parte 2) en el tratamiento de la voz (todas de mujer).

Pero incluso para un oyente avezado que contempla la estructura argumental de Weiss con claridad, Fourteen depara sorpresas. La incorporación de guitarra combinada con este jugoso formato nos descubre momentos de explosión y cierta grandilocuencia que, en esta distribución narrativa hilada en secciones en las que no se aprecian límites en las duraciones, nos descubre una afinidad con el rock sinfónico y el carácter mestizo -sin barrroquismo- de Frank Zappa.

Si la debilidad de Fourteen es la aliteración de sus fuentes referenciales, su grandeza es la capacidad de síntesis y servir de puente, una vez más, a la unión de Oriente y Occidente.

Dan Weiss-Fourteen

Pi Recordings, 2014-Distrijazz

Músicos: Dan Weiss (batería, voz recitada), Jacob Sacks (piano),  Matt Mitchell (glockenspiel, piano, ógano), Thomas Morgan (contrabajo), Miles Okazaki (guitarras eléctrica y clásica), David Binney (saxo alto), Ohad Talmor (saxo tenor), Jacob Garchik (trombón y tuba), Ben Gerstein (trombón), Lana Cenaia (voz), Judith Berkson (voz), Maria Neckam (voz), Katie Andrews (arpa), Stephen Cellucci (percusión)
Composiciones: “Fourteen” Partes 1-7

TIMSHEL

Jacob Sacks (piano),   Thomas Morgan (contrabajo), Dan Weiss (batería) –  Sunnyside 2010

Conocíamos a Weiss por sus colaboraciones con David Binney y más recientemente por vérsele en el súper grupo de Rez Abassi, pero desconocíamos su música en formato de trío. Timshel es un disco que se resiste, genera una extrañeza que te empuja a adentrarte más en él y finalmente acaba situándote en su mundo, en un lugar indeterminado entre tiempos cíclicos y trenzado rítmico. Cierto es que ya Dan Weiss, uno de los bateristas más creativos del momento, cuya asombrosa técnica comparte  músicas tan alejadas como la India y el rock metal, nos introducía a este sonido con idénticos argumentos en su anterior Now Yes When (2006).

Perfiles de figuración discontinua se mueven en un tiempo flotante aporta una dimensión plástica en contraste con el virtuosimo y “textualidad” rítmica con la que traduce su formación en ragas indias desde un perfil cinemático

Sus tiempos circulares y sus insistentes melodías, alteradas en acordes ascendentes y descendentes con subrayados percusivos independientes de las líneas definidas por el contrabajo. La tendencia a cierto ensimismamiento y la atención al detalle crea una sensación de suspense entre el desorden y la exactitud. La refinación y el manierismo melódicos de Sacks, acaso el elemento en el que convergen la respiración desvaída y un tiempo ajeno a los parámetros prototípicos del jazz, surge imbuida en figuras clásicas inacabadas y en notas harto elegantes que aparecen construidas en falso, especie de miniaturas caprichosas atrapadas por un vórtice onírico del que escapan misteriosamente. Esa confusión repartida en funciones distintas se materializa en los tiempos ralentizados, con espacios aislados en el silencio que permiten volver al trasunto cuando ya no se le esperaba.

Thomas Morgan y Dan Weiss

No, no es Morton Feldman (pudiera parecerlo por momentos en Florentino y Fermina) pero no es el problema si el lenguaje usado es más o menos contemporáneo o más menos jazzístico: no se percibe frontera, y si es así es que no la hay. Tampoco Paul Bley ni su escuela (Crispell a trío) estarían detrás de esto. Ni tampoco Ethan Everson con The Bad Plus con sus característicos espacios de respiración lírica, pues la existencia de éstos es restringida y sesgada quirúrgicamente por los tres. Aquí el fluir es otro, es un diálogo equidistante que funciona por medio de una interesante lógica de conjunto, con toda probabilidad, bien atada – que no atrapada- en la escritura.

 

La aparente ligereza de los motivos se torna solemnidad en su repetición (Stephanie); se elige una expresión atemperada en la pasión, (en Teental Song o el hímnico Dream); hay una manifiesta querencia por los planos (fraseo rítmico cruzado de la película Glenglarry Glennross y de cifrado de tabla en Chakradar, ambas demarcadas por la batería) y, finalmente, por un enfermizo romanticismo (en Frederic, por Chopin, y hasta el final en Postlude), elementos todos ellos que unidos dan una idea de la singular extrañeza que provoca este disco aparecido en EEUU en 2010 y aquí en este año 2011 que termina.