Más que un estilo al uso, construido sobre la base del sonido articulado desde el jazz (Charlie Parker, Sam Rivers), las colaboraciones  (Dave Holland, Abbey Lincoln, Cassandra Wilson), las inquietudes filosóficas (y cósmicas) o el legado con raíces (las africanas y las de nueva urbanidad callejera), la idea que viene desarrollando Steve Coleman desde hace décadas funciona como método,  como fórmula con sustrato colectivo e intelectual cercano al ritual.

Entre ancestros y constelaciones, dejando atrás unos enfoques demarcados por propuestas más abstractas y elusivas, una polifonía inerme sin el apoyo de su incontestable rítmica, Coleman planteaba en este sello discográfico esbozos de transición –aquí ya maduros- hacia el enjambre sonoro de Henry Threadgill en un muy interesante trasvase con su Chicago natal. Sin caer en la grandilocuencia del chamán, recupera desde el Village Vanguard a su formato más sólido, Five elements, para un disco doble que se sitúa en un contexto más ligero en parafernalia y más proclive a la combustión espontánea. Es, si la memoria no nos falla, la primera publicación en directo desde los rotundos registros en clubes de Francia: primero en París (triple disco de 1995, Curves of life) y luego el doble desde Montpellier (Resistance is Futile, 2001).

Creación impulsada por la energía del directo desde el mítico Village Vanguard, donde desde 2015 tiene un espacio reservado en el mes de mayo, el método renovado de Steve Coleman para sus Five Elements vibra, y mucho

Coleman tocó en el Vanguard en sus comienzos, entre 1978 y 1980, recién llegado a Nueva York desde Chicago. Lo hizo con la orquesta de Thad Jones/Mel Lewis. Desde 2015, liderando a su grupo, tiene reservado un espacio anual en este club histórico, ocasión que anuncia siguientes publicaciones en él tras haber sido registradas las sesiones de mayo pasado. Como grupo veterano, Five Elements funciona con una precisión apabullante. Sólo el guitarrista Miles Okazaki  (en la posición de Andy Milne a los teclados) supone el “nuevo elemento”. Se mantienen en sus posiciones Jonathan Finlayson (trompeta), Anthony Tidd (bajo eléctrico) y Sean Rickman (batería) desde los tiempos de su disco previo en directo, el citado Resistance is Futile.

Asombra siempre en esta música esa estructura tan compacta y al mismo tiempo dinámica, y la capacidad de Coleman para verbalizar el ritmo e impulsar una obra que sale de la nada, por esa síntesis moderna entre culturas definidas por el ritmo y el baile (la urbana y la africana), en cómo genera focos de tensión polifónica con superposiciones entre trompeta y saxo, en la pulsión rítmica de batería y bajo, con esa precipitación de motivos/elementos a lo Threadill (más evidentes con guitarra), que empuja el mensaje mientras éste transciende en armonía.

En renovado e “integrado” directo, el método de Steve Coleman vibra, y mucho.

Steve Coleman and Five Elements

Steve Coleman (saxo alto), Jonathan Finlayson (trompeta), Miles Okazaki (guitarra), Anthony Tidd (bajo eléctrico), Sean Rickman (batería)

Grabado en el Village Vanguard de Nueva York entre el 19 y 21 de mayo de 2017.

Pi Recordings 2018 -Distrijazz