A veces los grupos de jazz surgen de algo fortuito, de la química de un encuentro, otras de un concepto. A veces lo uno lleva a lo otro y da forma a una conclusión creativa. La dialéctica fútil sobre la identidad del jazz a veces arroja proyectos como éste que ayudan a situarlo en un contexto y en un tiempo, no tanto en una geografía. Baldo Martínez siempre ha dejado constancia de su arraigo y folclore, y de su interés en vincularlos al jazz contemporáneo, incluso con vínculos estéticos con la generación de los 90 neoyorquina sin perder de vista sus alrededores madrileños por complicidad señalada con determinados músicos.

“Europa es algo más que un marco geográfico, es una espacio de convivencia y libertad. Con sus contradicciones, la que conocemos, la que nos cuentan que fue, la que dejan ver y la que se imaginan (…) por la que luchamos y un día será”

Otros músicos referenciales lo han hecho, tanto con las músicas tradicionales que recorren Europa central o del este como Africa o el Mediterráneo. Louis Sclavis y Henri Texier, o Gialuigi Trovesi y Paolo Fresu,  Michael Riessler, ni qué decir de Jan Garbarek, o citar al jazz flamenco propio. Esta imbricación entre folclore,  música clásica (de la antigua a la contemporánea) con el lenguaje improvisado del jazz forma parte de la identidad nuestra continental. Baldo Martínez es uno de esos músicos que en la escena española mejor ha sabido integras lo contemporáneo y las esencias, sin ser ni amable ni exigente ni con una ni con otra, simplemente sirviendo de cauce. Encontrarse con estos tres músicos le facilita la tarea – como proyección intelectual primero, creativa después- de materializar un deseo de exigencia y permanencia sobre nuestro sitio en Europa.

Cuatro músicos situados en la creación contemporánea sin límites estéticos ni fronteras creativas.  Baldo Martínez materializa un deseo de exigencia y de permanencia sobre la idea abierta e integral de civilizaciones que es Europa

La escritura de Martínez hace posible que esta unión absolutamente oportuna y necesaria encuentre un espacio de compenetración con el empuje contemporáneo, la visión nostálgica y la robustez de las ideas. Sombra es una pieza perfecta para definir la formulación y el espacio descriptivo de cada músico. Es esclarecedora del lirismo hiriente y afilado de Pifarèly, la rotundidad y presencia entre materia y gases que se dispersan de Blaser, la rítmica desordenada, latente, incómoda de López, el contrafuerte rocoso de ideas que dan aliento de Martínez. El disco está lleno de hallazgos singulares y colectivos, de aperturas  transitadas al andar, metáforas del Camino de Santiago con su energía y anhelo como vía de comunicación en Europa y ya universal. Son polifonías del pasado y del presente, de un formato de cámara que nada debe ni a un género ni a otro, ni a una frontera ni a una identidad.

Viaje ons es otro de esos temas, las introducciones son un elemento importante en la descripción en la definición de los motivos venideros, de inicio dialogante (combinaciones de violín/trombón, batería/contrabajo o solo) y evolución hacia un contexto decidido, agresivo incluso en el que la improvisación se ejerce como mensaje de confrontación casi ideológica. Respiración amplia, amable risueña, positiva en Puente del Estrecho, gran tema hecho de otros que lo integran. Martínez usa el idioma (no el lenguaje) y decide que sea el español, aunque suene, con la tabla de López, a donde quieran llevarnos.

Hay un mensaje rotundo y herido en esta música luminosa e inconformista, alejada de parámetros de estilos al uso dentro del jazz. Hay construcción, personalidad e identidad. Y mucha cultura integradora europea.

Cuarteto Europa

Baldo Martínez (contrabajo), Dominique Pifarèly (violín), Samuel Blaser (trombón), Ramon López (batería). Grabado en diciembre de 2017 en Madrid.

Karonte 2018