Africa es un referente para la vertebración de la mayor parte de la música popular. Además de no descubrirse nada nuevo con esa sentencia, lo cierto es que el presente y el futuro de lo que se haga en Africa también influirá en buena parte de la creación mundial. El afrobeat es una prueba más de ello  y la estirpe de los Kuti un ejemplo.

Ritmos africanos en la prehistoria del gospel, blues,  jazz, rock,soul, hip hop, variedad tropical (de Cuba, Jamaica, Antillas a Brasil), esta muestra nos lleva  a dimensionar la repercusión que ha tenido Africa más allá de sus ritmos autóctonos. Después de asistir al parto de muchos estilos populares de la música negra en el siglo XX, su influencia se mantiene hoy impulsando nuevos enfoques  a músicas que parten del mismo árbol genealógico.  Como se podría decir de los hijos de Fela Kuti, empezando por su primogénito, Femi Kuti, nacido en Londres en 1962 aunque se crió en Lagos, capital de Nigeria, donde su padre tenía su cuartel general, The Shrine, el multitudinario local donde semanalmente experimentaba y desarrollaba sus proyectos escénicos.

FEMI KUTI SHOKI SHOKI – 1998- 

Fue nuestro primer contacto discográfico con él. Hace 20 años ya. Auténtica producción desligada de la influencia paterna de sus discos dos previos. Femi Kuti ha ya aprendido a la perfección la insobornable y revolucionaria lección dejada en herencia por su padre formando parte de su grupo Egypt 80,  un visionario colectivo, continuador de Egypt 70 en el uso de un lenguaje hipnótico y repetitivo propio de danzas y ritmos africanos. Saxofonista crecido entre extasiados e innovadores arreglos de viento y polirritmias contagiosas que se extendían a lo largo de prolongadas suites, Femi Kuti aporta una nueva visión a ese concepto inventado por su padre con el nombre de afrobeat.

En Shoki Shoki, el cabeza de la estirpe de los Anikulapo Kuti definía, a las orillas del río Níger, tradición y ritmos genuinamente africanos con modales occidentalizados por figuras incuestionables como Sly, James Brown, Funkadelic o los Head Hunters de Herbie Hancock, algo que su padre hizo digamos de manera más intuitiva como protagonista de esa época. Kuti, lograba así dar un paso hacia delante mirando de reojo en el pasado, con lo que consiguió germinar la semilla genética de la mutación traída por rhythm & blues y el funky. Él ya había participado de esta batidora sofisticada y carnal que producía una irresistible corriente de polirritmias y acentos dinámicos. La experiencia colectiva de la que formó parte se llamaba Egipt 80, el último gran grupo de su padre. Su nuevo proyecto en directo se llama The Positive Force, con el que ha grabado One people one world.

Saxofonista crecido entre extasiados e innovadores arreglos de viento y polirritmias contagiosas que se extendían a lo largo de prolongadas suites, Femi Kuti aporta una nueva visión a ese concepto inventado por su padre con el nombre de afrobeat

Percusiones repetitivas y coloristas que invocan el movimiento, guitarras y teclados que recuerdan a una sicodelia sumergida en visiones africanas, metales cultivados en la distancia oceánica que inducen a danzas radicadas en la tierra madre, letras en un inglés colonial que fluye con mensajes y modos selváticos, protesta y orgullo en la savia troncal de los contenidos. Todos los ingredientes para confeccionar un disco enérgico, arrebatador y lleno de identidad. Supone, bien visto, un “eslabón encontrado” para amantes de los ritmos africanos, de sonidos jazzísticos en la banda de metales y un más que elocuente espíritu funky setentero con ritmos antillanos.

Sabor a autenticidad que perfila relieves futuros (ahora ampliados a guitarras más antillanas) sobre cimientos puramente africanos: reinvención de ritmos y ritos de danza. Una música que requiere de sucesivas escuchas y que invita a trabajos suyos posteriores de esta altura, para poder distinguirse de la voz de su padre que aún resuena en el título de su último disco: One people one world…one universe (KNF 2018).