El maestro Texier nos ha ofrecido tantas experiencias o casi llamarlos mejor viajes en su larga y fecunda carrera que sustantivar su estilo supone  entenderlo desde la diversidad de significados y paisajes. Él mismo siempre se ha declarado como explorador de un sonido híbrido (evitando el término fusión, añadimos) en el que se mezclan culturas e intervienen otras disciplinas artísticas como el cine, la danza o la fotografía. El resultado de su música, cambiante, siempre sólida y sugestiva, es una indefinición tan estimulante y rotunda como generosa. Porque una de las claves de lo que siempre nos transmite, evitando la autocita ni el pastiche, es entusiasmo y aventura.

Apegado a la tierra y a los viajes, Texier siempre ha mantenido el vínculo transatlántico con la corriente principal y la vanguardia de Don Cherry y el sentir de blues profundo de Charles Mingus

Figura ineludible del jazz europeo desde finales de los años 60, cuando coincide con Don Cherry, su nomadismo sonoro siempre se ha nutrido de esa impregnación mestiza y cantable del folclore. Eso se percibía ya en aquél debut en solitario que  fue Amir (JMS, 1975 ) donde se respiraba folk de regiones francesas como Gasconia o  Britania al tiempo que adaptaba la digitación y el sonido de su contrabajo a otros instrumentos de cuerda como el ud. Ese trabajo de presentación definía el perfil de un instrumento perfectamente capacitado tanto para la musicalidad como el impulso rítmico, demarcado por esa línea de bajo recia, redonda y dotada de una elasticidad sólo comparable a la de Dave Holland.

En ese Texier apegado a la tierra y a los viajes por África siempre se mantuvo un vínculo con la tradición y la vanguardia americana del jazz. Siempre ha estado presente en su ideario el carácter y la rotundidad de Charles Mingus o la versatilidad de Charlie Haden, un concepto que reuniera la gama de saxos de Lee Konitz, Steve Lacy o Joe Lovano, o entre los guitarristas un deseo de materializar el sonido de John Scofield y Bill Frisell. Eso sin dejar de lado la presencia de instrumentistas tan cercanos como los clarinetistas Michel Portal y Louis Sclavis o los baterístas Daniel Humair y Aldo Romano. Músicos todos ellos  cuya personalidad, de un  modo u otro, han dejado  su huella en los conceptos y colores que Texier desarrolla en grupos como en este quinteto.

 

El Sand Quintet no es una fórmula nueva sino una inspirada síntesis del mejor Texier. La expresividad incisiva recae en la guitarra y la polifónica en los saxos. La conciencia planetaria se representa en la figura femenina de un repertorio renacido que se extrae de trabajos suyos de los años 70 y 80

Tríos para música de películas, cuarteto, quinteto (los recordados Azur) y sexteto (Strada) recorren el catálogo del músico francés en los últimos 20 años. Este maravilloso disco, que recupera en una asombrosa muestra de vigencia temas suyos incluidos en sus lejanos discos para JMS (1975-80),  habría que situarlo estética y funcionalmente entre obras tan distintas como ese hechizante e inesperado trabajo sobre standards que fue Love Songs Reflexion (2009), con el así llamado Red Route Quartet, donde ya aparecía de manera destacada la guitarra de Manu Codjia, y el más reciente disco -menos agraciado- inspirado en los indígenas norteamericanos Dakota Mab, con el Hope Quartet (frontline de dos saxos).

Apoyado en un motivo ecológico, mujer de tierra y mar como metáfora, la frescura y modernidad veraz de este sonido  transmite una energía contagiosa y positiva

El disco se abre con la energía y el pulso contagioso y vibrante de Amir. 45 años después de ser escrita, es una pieza intensa, audaz, veloz . La melodía de sonrisa abierta de Sand Woman recuerdan al Azur Quintet de Mosaïc Man.  Pero Texier no se repite. Basta escuchar una y otra vez ese blues definitivo, recio y embriagador, original sin pretenderlo, como es Henri Texier, en Hungry man para convencerse de ello.

Música descriptiva, repleta de detalles y cambios motívicos que abren recovecos de luz, emoción y frescura mestiza.  Lograda obra en su ya de por sí imprescindible catálogo. Uno de los discos del año.

Henri Texier (contrabajo y composición), Sébastein Texier (alto saxofón, clarinetes),  Vincent Lê Quang (soprano y tenor saxofones),  Gautier Garrigue  (batería), Manu Codjia (guitarra).

Recorded at Studio Gil Evans – Amiens, Octobre 2017
Mixed and mastered at Studio Boxson – Paris, October & November 2017-Label Bleu 2018.