Siendo músico maduro con trayectoria y colaboraciones destacadas tocando el saxo tenor, Marc Copland irrumpió con fuerza a comienzos de la década del 2000 como pianista. Proyectos a trío, dúos o cuartetos, con Gary Peacock, John Abercrombie o Dave Liebman, aparecían en discográficas europeas del prestigio de Hat Art, Sketch, Pirouet o ECM. Hacemos un repaso a la carrera de este ya desconocido saxofonista encumbrado como personalísimo pianista.

El hecho de interpretar varios instrumentos no es una faceta inusual entre los músicos de jazz. Keith Jarrett practicó con profusión, a lo largo de los 70, el saxo soprano y las percusiones. Marc Copland (Filadelfia 1948) era un saxofonista que aprendió de las fogosas escuelas de los sesenta, principalmente de Coltrane, pero un día pensó que su capacidad expresiva quedaba restringida por el instrumento de viento. Eran mediados los años ochenta. Casi tres décadas después, este músico renacido disfruta de una meritoria segunda carrera de pianista que cobra prestigio. Porque Copland, que en los años setenta estudió musicología en Columbia, reconoce que es en gran medida un músico de jazz autodidacta.

Se alude con frecuencia a Bill Evans, Keith Jarrett y Herbie Hancock cuando se habla de sus principales influencias frente al piano, aunque uno lo sienta estilísticamente más cerca de Richie Beirach y en la onda de Denny Zeitlin o Bill Carrothers. El estado anímico, factor importante en un estilo personal más de clásico renovado que rompedor, se refleja en un aliento romántico apasionado y reflexivo a la vez, ya sustanciado en Bill Evans, pero que Copland administra mediante un detalle sobrio pero exuberante en cromatismo que sugiera la plasticidad impresionista, corriente pictórica con la que gusta identificar su sonido, a la vez que le dota contemporaneidad. También John Coltrane está muy presente en su música en un plano interiorizado y sereno en la interpretación, como se demuestra en sus versiones de Naima Crescent, que trasciende al factor compositivo.

Copland ha dividido su vida en dos apostando por el piano ya en edad musical madura. Su decantación por el gesto melódico íntimo y una musicalidad centrífuga, es todo un regalo para los oídos.

A comienzos de los noventa, tras aparecer a trío con Gary Peacock y Bill Stewart, graba en Jazz City dos discos descatalogados. All blues at night, cuarteto formado por los músicos antes mencionados más el trompetista Tim Hagans, cuya afinación más se cerca a su sentir,  y Songs without end, junto a Ralph Towner, donde se recopila un conjunto de piezas que cruzan estándares (por única vez Bill Evans) con las esencias folclóricas y camerísticas de Towner .

El debut para Savoy fue Stompin`with Savoy (93), prueba del vigor, y la expresividad que marcarían el resto de los noventa en este sello, donde la muy estudiada selección de estándares definen la creatividad. Copland reúne en este disco a un quinteto bien equilibrado: Randy Brecker, James Genus y Dennis Chambers, pero, sobre todo, un Bob Berg brillante. Se versionan, entre otros temas, FootprintsAll bluesBlue in Green y Equinox frente Easy to love y I got a Rhythm (Shorter, Miles Davis y Coltrane; Cole Porter y George Gershwin). En Second Look (96) John Abercrombie reaparece en la vida de Marc Copland, si alguna vez se fue (han coincidido en el cuarteto del guitarrista para ECM y también los dos junto a Kenny Wheeler). El guitarrista ha sido no sólo su acompañante en experiencias varias, sino también un amigo desde sus tiempos de saxofonista.

Con él vemos a Drew Gress al contrabajo, colaborador que ha tomado el relevo de Peacock en el trío estable que lidera y en el cuarteto que participa del desaparecido John Abercrombie. Repite Billy Hart, que con Bill Stewart han sido dos de los bateristas de referencia en los noventa. Softly (98) es una producción ambiciosa, con una plantilla envidiable, que pese a ello tiene un acabado difuso. Ya afloran composiciones propias intercaladas entre temas clásicos de Cole Porter (So in Love) y modernos de Joni Mitchell (Blue) y George Benson (What`s going on). Repiten como en All Blues at night Hagans, Peacock y Stewart. En el saxo tenor se alternan los poderosos Joe Lovano y Michael Brecker. Junto a éste último y en trío publicó Marc Copland and… en la compañía suiza hatOLOGY.

El estado anímico, factor importante en un estilo personal más de clásico renovado que rompedor, se refleja en un aliento romántico apasionado y reflexivo, ya sustanciado por Bill Evans, pero que Copland administra mediante un detalle de sobriedad  cálida que lo acerca a la plasticidad impresionista

Llama la atención este interés por un pianista de intensidad poética y cuya refinada economía emocional tiende al remanso, en un sello como el suizo donde la carrera por acoger a la vanguardia en casi todos los frentes es un principio fundacional. El pianismo de Copland adquiere en este catálogo una proyección distinta, más inquisitiva en los estándares y profundizando en su dialéctica afectiva. En hatOLOGY sobresale Haunted Heart and other ballads (abajo en vídeo) junto al trío consolidado formado por Drew Gress y Jochen Rueckert, trabajo emotivo y de profundas e inventivas resonancias evansianas, confeccionado a base de baladas clásicas como My favorite things, Soul eyes y Crescent.

La sobriedad, la contención y el balanceo desconsolado de la mano izquierda; el carácter desprendido, elegiaco y apasionado de la derecha. En medio,  espacios de introspección

Con David Liebman, también para este sello, grabó Lunara cuarteto, un trabajo menor si lo comparamos con la que quizás es la mejor de las entregas hasta la fecha para hatOLOGY, Bookends(doble, estudio/directo). Alegato a dúo con Liebman  (ocupando el lugar de Richie Beirach en el otra alianza del saxofononista) que es toda una encrucijada opulenta: rebelde, animoso, dramático, expresionista el saxo; envolvente, persuasivo, suntuoso, impresionista el piano.

Además de hatOLOGYo en Pirouet o en ECMcomo colaborador de Peacock y Abercrombie, en el desaparecido aunque exquisito sello francés Sketch Copland dejó un espléndido  trabajo en solitario. Poetic Motion, antes que ningún otro, es, digamos, la prueba de fuego que marca diferencias estilísticas, límites interpretativos e intenciones compositivas. Si excluimos Naimay el tema de amor de la película Espartaco, todos son aportaciones propias inspiradas por una selección de poemas de Dylan Thomas, André Breton o Robert Frost. En este primer disco para Sketch la dimensión pianística aparece reconcentrada y  marcada por la naturaleza contrapuesta de las manos. La sobriedad, la contención y el balanceo desconsolado de la mano izquierda; el carácter desprendido, elegiaco y apasionado de la derecha. En medio,  espacios de introspección.

Marc Copland y Gary Peacock (arriba en la foto) se encontraron de nuevo en What it says, dúo de reciprocidad creativa, de conexión sensitiva en los detalles. Los temas son breves intenciones donde la densidad expresiva busca una simplificación de la arquitectura, de las dimensiones, de las formas. El ámbito reflexivo que se persigue no impide la respiración poética de profundidad austera y misteriosa, hecha de circunloquios melódicos.

Para Gary Peacock se trata de un encuentro distinto, menos abierto y más concentrado a los protagonizados al lado de Keith Jarrett, Paul Bley o Masabumi Kikuchi. Con Peacock a trío (en la foto superior), completado por Joey Baron en la batería, apareció en el título de  ECM Now This (2015), un trabajo de regusto engañosamente clásico y aparente formulación sobre standards.

Aunque sus carreras ya se unieron en 1996, John Abercrombie ha sido, junto a Gary Peacock o Dave Liebman, uno de sus mejores aliados. Con el guitarrista, que nos dejó el año pasado, participó en su cuarteto hasta el final (39 steps sobre música de películas de Alfred Hitchock y Up and comingECM 2017), reconocida fórmula que alumbró creativamente su última década. Copland ocupó la posición de Mark Feldman cambiando violín por piano.

 

El cuarteto Zeninth (con Joey Baron, Drew Gress y Ralph Alessi) es su proyecto vigente, una fórmula que define la demarcación estilística y de inquietudes de Copland, entre el aliento clásico y una definición melódica inquisitiva

Copland ha dividido su vida en dos apostando por el piano ya en edad musical madura. Su decantación por el gesto melódico íntimo y una musicalidad centrífuga, le definen como clásico y moderno. Sus dos últimos trabajos (en la foto superior) suponen una apertura hacia formulaciones con más empuje rítmico sin perder un ápice el sentido de un lirismo turbador e impresionista.