Entrar en el universo que Bach supone un ejercicio de mentalidad abierta. Desde su geometría contrapuntística hasta el punto de vista esotérico o de estrellas, de un sonido que tiende al infinito. Lo cierto es que su obra mantiene un pulso continuo con la creación actual en este mismo siglo, casi cuatro después del suyo. En el caso de estas suites para violonchelo, consideradas como ejercicios de técnica instrumental, inexplicablemente traspapeladas en su repertorio durante siglos (fue Mendelssohn quien recuperó del olvido al genio fallecido en Leipzig en 1750), fueron descubiertas por Pau Casals (1876-1973) y grabadas por él mismo en 1936 por vez primera. Hoy la obra transciende no ya al autor sino al intérprete, acaso porque siempre Bach dejó abierta una puerta a conclusiones y lecturas tan personales como las de Glenn Gould.

La obra ha superado el ámbito de la música clásica y, a través de memorables escenas cinematográficas de Ingmar Bergman, Woody Allen o Roman Polanski, ha alcanzado el fenómeno popular. Según investigaciones, Bach compuso las Suites hacia 1720 para dos violonchelistas de la orquesta de la corte de Cöthen: Bernard Linigke y Karl Ferdinand Abel. Linigke pudo ser el primero en interpretarlas. Bach exploró y desarrolló el potencial del violonchelo cuando este instrumento estaba relegado del carácter solista por tener un competidor de época como la viola da gamba. En siglo XX se ha convertido en una pieza de repertorio obligado, reto inexcusable para los intérpretes de este instrumento, como las Variaciones Goldberg pueden serlo para el piano tras su transcripción del clave.

Thomas Demenga es el intérprete de violonchelo preferido del sello ECM para el repertorio de Bach. Su nueva interpretación consigue ajustarse a una depurada expresión barroca y por otro a un calculado ejercicio estético contemporáneo

Hay tantos intérpretes como Bach posibles se suele decir. Su escritura deja abierta la posición intermedia entre una inclinación interpretativa según criterio historicista reivindicando instrumentos y técnicas de época, u otra más actual que intercala la ejecución del violonchelo moderno y su apreciación estética en sonido y tiempos. Básicamente, los resultados operan sobre técnicas de arco y digitación en vibratos más o menos subrayados, ofreciendo una versión más romántica, fieles a la primera de Casals, o, desde otra versión más libre del intérprete, adaptándola desde el rubato, el color y tiempos más lentos hacia un mensaje más contemporáneo.

Thomas Demenga (Berna, 1954) pasa por ser el referente en este sello para el violonchelo de repertorio clásico (Anja Lechner lo sería para exploraciones más cercanas al estímulo contemporáneo improvisado con matices folk.) La primera versión que le escuchamos suya de Bach fue en un recopilatorio que recogía la Sarabande (Suite no.4), publicación de 1987 junto a Heinz Holliger. Otras versiones referenciales suelen señalar a autores como Pierre Fournier, Paul Tortelier y sobre todo a Anner Bylsma (1934). Las más cercanas al sonido contemporáneo serían la sustanciosa de Yo-Yo Ma y la más audaz de Roel Dieltens.

La nueva interpretación de Thomas Demenga, autor que tiende al formalismo más que a enfatizar la profundidad emotiva del mensaje, dibuja con pulcritud las líneas  limitando la intensidad sensitiva del vibrato. Con ello consigue ser fiel, en cierto modo, a la expresión barroca del original, por esa depuración formal de apasionada sobriedad y por otro plantea un ejercicio estético y técnico que matiza el mensaje general de una manera algo remilgada pero del gusto de este momento. Tantos Bach como intérpretes y oyentes en el tiempo hay.

 

Thomas Demenga violonchelo

Grabado en febrero de 2014 en Basilea.

ECM New Series 2018-Distrijazz

 

 

  • Las suites para violonchelo. En busca de Pau Casals, J. S. Bach y una obra maestra (Turner libros)