La nueva película de los hermanos más prolíficos del cine moderno sorprende, conmueve e incluso estremece por momentos. Son ellos mismos, con su humor repleto de extravagancias, sólo que aquí es algo más sombrío y cruel. La fatalidad y las peripecias en las que se ven envueltos sus personajes tienen ese punto de comedia ácida que tiende hacia la tragedia. El decorado del “Viejo Oeste” que eligen nuevamente tras Valor de Ley (2010)  determina el devenir de las seis historias que conducen al film hacia un terreno abonado a una reformulación -una más- del género. La balada introduce el elemento musical en un western que es contado a través de relatos cortos, como si de un libro se tratara. Es por ello que tanto en el inicio como al final de cada capítulo se pase página como si se estuviera leyendo un relato. De hecho, esta película iba a ser una serie de varios capítulos.

Esta es la decisión narrativa no por menos novedosa más estimulante y descriptiva que eligen los Coen. Y lo es, no ya por cómo se cuenta cada historia, hilvanada de esa forma un tanto convencional de pasar capítulos, o por ese espacio que dejan a una inesperada canción, sino por la atmósfera bizarra y absolutamente especial en la que se desenvuelven sus personajes. Es de este tipo de obras que a pesar de ser hecha de fragmentos, si no la ves en conjunto se pierde el enfoque general.

Los hermanos Coen proponen un decorado de Western para seis historias con más fatalidad que delirio. Sorteando su suerte, en un contexto despiadado y cruel, los personajes recorren estos relatos breves como si estuvieran en un teatro de variedades y pesadilla

Siguen ahí sus juegos de palabras, su retórica y diálogos impostados, en ese confrontar entre lo culto y lo popular que adquiere más fuerza en un contexto un tanto surrealista. Como el terrible escenario de teatro en el que aparece un recitador sin extremidades que cita a Shakespeare o a Abraham Lincoln, en su discurso en Gettysburg, frente a un público inverosímil. O ese personaje de la colonizadora frágil que pierde a su hermano mayor quedando a la intemperie, mirando mientras ríe cómo juegan unos perros de pradera, en esta cruel y despiadada tierra del Oeste fronterizo. Un escenario que los Coen retratan con tanta sutileza estética como brutalidad expositiva.

Buscando oro en un valle donde lo más preciado está a la vista. Tom Waits en la última película de los hermanos Coen

El pistolero vestido de blanco impoluto interpretado por Tim Blake Nelson canta su balada a lomos de su caballo en medio de la nada. El buscador de oro interpretado por Tom Waits canta también una especie blues mientras excava en un valle idílico y virgen. También lo hace en un momento insospechado dentro de una diligencia el “cazarrecompensas” interpretado por Brendan Gleeson. En realidad, todas esas canciones, esas baladas, surgen en momentos insospechados que convierten el western en musical, 

Con Bruno Delbonnel, director de fotografía de Amelie y también de A propósito de Llewyn Davis, se define un factor visual que permite envolver las historias y  a sus personajes en un mundo a medio camino entre la ensoñación y el cómic. Balada para los que van a morir, o casi…

Título original: The Ballad of Buster Scruggs

Año: 2018

Dirección y guiónJoel Coen, Ethan Coen

MúsicaCarter Burwell

FotografíaBruno Delbonnel

RepartoTim Blake Nelson, Zoe Kazan, Tom Waits, James Franco, Liam Neeson, Harry Melling, Bill Heck, Brendan Gleeson…