Desde siempre, el jazz se ha sentido atraído por otras latitudes y otras culturas con las que ha mantenido un diálogo honesto y enriquecedor. Ya sea por la curiosidad innata, la atracción mestiza propia de sus orígenes del género o debido a una búsqueda personal, la relación de Randy Weston con África se debe a un regreso a las fuentes originales de la cultura a la que pertenece. Se  nos fue con 92 años dejando un último testimonio a piano solo

Indagando en su vida descubrimos el por qué de esta relación no sólo cultural y espiritual sino vital que ha perseguido a Randy Weston y que le ha llevado a vivir durante años y en dos periodos en Marruecos desde 1968. Fue su padre, de origen panameño, quien cuando tenía 6 años le transmitió una idea que luego se convertiría también en sentimiento de pertenencia: “Tú eres un africano que vive en América”. Gigante tanto en lo musical como en estatura, Randy Weston nació en Brooklyn el 6 de abril de 1926 y allí acabó sus días el 1 de septiembre de 2018 tras haber difundido, como dejó dicho que era su misión, la cultura “global” africana. Porque su búsqueda de identidad nunca fue compartida con colectivos o movimientos que promulgaban el panafricanismo, tan frecuentes a finales de los 60 al calor del free jazz o impulsados por la mirada a Oriente de John Coltrane. La suya es una decisión personal vinculada a la tradición.

El quería dedicarse al baloncesto, pero su padre le pagó las primeras clases de piano. En ese barrio la música estaba tan cerca como las canchas de ese popular deporte: Max Roach, Duke Jordan o Cecil Payne eran vecinos. Primero fueron Art Tatum, Count Basie y Ellington (pero no su piano, eso vino después), más tarde Monk, a quien vió en directo en la calle 52. Su padre regentaba un restaurante cercano a la casa de Max Roach y por él pasaban las estrellas de jazz del momento como Coleman Hawkins, Han Jones, George Russell, Dizzy Gillespie Miles Davis y  luego emergió África como una necesidad de encuentro. Debuta en 1949 aunque graba su primer disco en 1959, UHURU-suite.

 La experiencia con la cultura gnaoua de Marruecos, a través de su amistad Maalem Abdullah El Gourde, le lleva a ser un intermediario cultural con occidente y el jazz. En 1969 abre en Tánger The African Rhythms Jazz Club,  situado en el Cinema Mauritania. El “teatro de Africa” llegaría a partir de 1985 al volver a residir en Marrakech 

 

En julio de 1967 consigue ir  a África dentro de un grupo de 20 músicos afroamericanos, entre los que se encuentra Nina Simone, en lo que supondrá su segundo viaje que pasa por Nigeria (hizo otro en 1963 en un intercambio cultural universitario).  Se trataba de una  gira de tres semanas por 14 países africanos promovida por el Departamento de Estado en la que le acompañan los músicos Clifford Jordan, Ed Blackwell, Ray Copeland, Bill Wood, Chief Bey. El último país de esa gira fue Marruecos. Conoce Tánger y se queda fascinado con los ritmos gnaouas. Le invitan a volver, y vuelve para quedarse. Esa primera estancia dura 7 años y durante ella cambia de residencia de Casablanca a Tánger con una segunda vuelta a Marrakech en 1985.  Surge en él una vocación de promotor, gracias a la cual inaugura un club African Rhythms en Tánger (foto superior) con el que intenta atraer músicos asentados en Francia y promover el intercambio. Luego amplía esta faceta y decide a hacer el primer Festival de Jazz en esa ciudad en 1973. Los problemas económicos por falta de apoyo institucional son los que le obligan a volver a los Estados Unidos un año después, aunque por poco tiempo porque en 1975 se instala en Francia donde reside durante 10 años.

El pianismo de Weston es una oración que brota de la tierra rindiendo culto a los ancestros. Antepasados sin nombre y también maestros del jazz

Weston no ha islamizado su nombre como su colega y coetáneo Dollar Brand, luego Abdullah Ibrahim, pero su piano encierra una afinidad antropológica con las civilizaciones antiguas de Egipto y Etiopía y también, aunque menos evidente, con cierta espiritualidad, aunque no la musulmana sino la de los espirituales que cantaba con su madre al ir a misa todos los domingos a la iglesia. En Marruecos descubrió los vínculos espirituales y de estilo que existen entre gnaoua y blues. “Como arte sagrado, la música no se puede ver, no se puede tocar, es puro espíritu”. Y el suyo pertenecía a África.

El piano de Randy Weston tiene un pulso martilleante en su acento rítmico y un hondo latido melódico que emana del blues, los espirituales destapando su esencia africana. Estas cualidades se sostienen desde Ellington y Monk 

Se apoya en una articulación en la que el factor percusivo es tan importante como el melódico. En esa fervorosa contención de blues y ritmos devocionales llevados al clímax por repetición se destila su experiencia en Marruecos junto a Los Maestros de Jajouka y músicos gnaouas. insólito encuentro entre un poderoso piano y percusiones del de las montañas u del desierto. Para ello se necesita de una firmeza en  la pulsación rítmica de los registros bajos, que se completa con un aliento solemne deudor del gospel, en lazo de unión con África, que pide un espacio propio. Su piano en esos instantes revela una pertenencia evolucionada de la escuela de Monk, a la que también pertenecen Mal Waldron, Herbie Nichols o el ya citado Dollar Brand.

No hay nada gratuito en su música. Introspección, profundidad sensitiva y rotundidad rítmica definen tanto los pequeños detalles, una nota al final del teclad, como los bloques de acordes. Las ideas son apariciones, de ahí que surjan y se vayan dejando un rastro aparentemente inconcluso y desgajado debido a ese amplio espacio que concede a los solos. La complejidad armónica pide más quedarse en la tierra que en el cielo con esa naturaleza contrapuesta de una personal evolución del stride. Desde un flujo interior que conecta al intérprete con la obra, el pianismo de Weston es una oración a la tierra y al mismo tiempo un saludo a los ancestros. A los ancestros sin nombre y a los maestros del piano de jazz.

 

Discografía seleccionada, muchos llevan el adjetivo “africano” como African Nite, African Rhythms Nuit Africaine y Blues to Africa, ambos a piano solo. La trilogía Portraits, grabada en París en 1990, estuvo dedicada a Monk, Ellington y a sí mismo, y, por último, la síntesis orquestada, telúrica y mística, en The Spirit of our ancestors

 

Entre los temas más emblemáticos de su repertorio están African Cookbook, Blues Moses, A Night In Medina, African Village, African sunrise, Jajouka, Blues to Senegal, Marrakech Blues, Afro Black, Little Niles además de los clásicos de Monk, Ellington o especialmente Con alma de Gillespie por esa presencia de ritmos afrocubanos de la que tanto gustaba. Muchos de ellos fueron concebidos en su estancia en Marruecos.

El término African Rhythms le sirvió para encuadrar sus proyectos desde sus primeras giras. En sus últimos conciertos (ver más abajo un excitante documento desde Senegal) iba acompañado al contrabajo por Alex Blake (con técnicas que emulan la guitarra o el mismo kora) y de la percusión afrolatina de Neil Clarke. Solía dividirlos en una primera parte dedicada a piano solo (solía decir que fue en Europa a mediados de los 70 donde se reconoció como solista de piano). Solía adoptar en solitario una estructura de retrato a modo de medley de temas de Ellington, Monk  (a mediados de los 90 dedicó dos importantes “portraits”) y Fats Waller.

Continuador de la tradición jazzística y de los ancestros por su búsqueda cultural, llegó a conquistar la modernidad imperdurable del clásico desde una mirada personal a Africa desde su música americana, la del blues y el jazz.

 

Libro:

“The Autobiography of Randy Weston” escrito por Randy Weston y revisado por Willard Jenkins

Estancia en Marruecos

http://muzzicaltrips.blogspot.com/2012/09/randy-weston-tanjah-1973.html

Jazz entre amigos 

www.randyweston