Llega una voz nueva a ECM manteniendo los rasgos característicos en los que estas cantantes pueden desarrollar su estilo en el sello. Estos vienen siendo, desde hace ya décadas pues en esos terrenos Eicher mantiene el interés, una combinación entre canción folk (con predilección última entre Asia Menor, Grecia y el Mediterráneo) y una instrumentación aplicada desde esquemas de timbre e improvisación contemporáneos, aunque tengan revestimiento jazzístico.

Areni Agbabian es una joven californiana nacida en Santa Mónica de pasado armenio que vive en Nueva York. Su fulgurante aunque corta carrera se desenvuelve entre el jazz-rock de grupos como Tigran 5, del pianista Tigran Hamasyan, o en contextos más envolventes junto al percusionista californiano Alex Cline, también en contextos de nueva ópera. Desde los 27 años, desarrolla en directo un discurso en solitario acompañada del piano. Su formación, impulsada por su madre en cuanto al acervo cultural armenio, se centró tanto en piano clásico como en cantos tradicionales búlgaros y de los nativos americanos.

 Nacida en Santa Mónica de pasado armenio y vive en Nueva York, Areni  ha colaborado en grupos del pianista armenio Tigran Hamasyan y con Alex Cline. Bloom reproduce un encuentro entre el mundo de Annette Peacock, el folk de Sidsel Endersen y un tratamiento de la percusión atmosférica con la voz que recuerda Tamia y Pierre Favre

Bloom es un buen disco, de hecho tiene una personalidad más acusada que los de la albanesa-suiza Elina Duni, (publicó aquí en solitario y con piano el año pasado) precedente directo en este sello. Lo que gusta de su propuesta, o posiblemente lo que quería acentuar Eicher en la producción es, seamos breves y precisos, un encuentro entre el mundo de los 70 de Annette Peacock, esa poesía de cantautor cosmopolita inducida por la generación beat pero cantada en voz de mujer y con teclados, todo un elemento de modernidad expresiva desde las letras en contexto jazzístico experimental apoyada en su marido, el grandísimo pianista Paul Bley.

Por otro está, el mundo del folk de, digamos, Sidsel Endersen, nórdico, más evanescente, menos tangible, algo más aéreo. Añadan a eso un tratamiento de la percusión atmosférica y descriptiva, muy interesante, intervenida de signos guturales, dicción y desfiguración en la voz, y tendrán algo que recuerda a lo que hicieron Tamia y Pierre Favre en Solitudes (1992) para este sello. Los temas tienen una duración corta y mayormente son de su autoría o son canciones tradicionales armenias y con la , sorpresa de una pieza de firmada por Eicher. Ha tardado algo más de lo esperado en salir este trabajo, pero no será último.

ARENI AGBABIAN

Grabado en octubre de 2016 en Lugano.