Durante 45 años han sido los representantes de un fenómeno contemporáneo definido por la apertura y la diversidad. Desmitificadores del género de cámara, han aportado una fascinante perspectiva que va más allá del contexto académico que se le presuponía a un conjunto de cuerdas. Han inaugurado, en mil estrenos, encargos y arreglos para cientos de compositores, una nueva era para los cuartetos desde una cultura inclusiva y global

El pasado diciembre, coincidiendo con su 45º aniversario, sorprendía ver un anuncio en redes en el que el este histórico grupo pedía ayuda financiera para continuar adelante con su infatigable y polifacética actividad. No era la llamada de apoyo de unos principiantes sino la de un veterano proyecto definido hoy como Kronos Quartet/Kronos Performing Arts Association, un conglomerado de acciones y compromisos que van más allá de las giras o del trabajo de estudio de un grupo tipo, añadiendo programas pedagógicos, producciones de festivales, eventos, talleres, proyectos a largo plazo, etc.

“Siempre quise que el cuarteto fuera vital, enérgico, vivo, genial, que no temiera ser absolutamente bello o feo si tuviera que serlo. Pero que fuera una expresión de vida. Que contara un relato con humor y profundidad, o toda la historia de nuestra música si fuera posible”

David Harrington, fundador del Kronos, primer violín y director artístico desde sus comienzos, explica de este modo los principios que han definido la carrera de este cuarteto. El primer concierto que dieron David Harrington (violin), John Sherba (violin), Hank Dutt (Viola) y Joan Jeanrenaud (cello) fue en noviembre de 1973 con obras de BartókHindemith, luego Beethoven, Hadyn, Shostakovich, siguieron tocando mucho a Bartók e incorporaron a Charles Ives. Este era el perfil clásico-contemporáneo, de la primera mitad siglo XXdel repertorio de Kronos hasta casi los años 80.

En 1974 estrenan Traveling Music, primera pieza escrita para ellos por  Ken Benshoof, y en 1978 toman el transcendental contacto con Terry Riley. La música y los autores minimalistas, y  sus corrientes posteriores, se han significado como territorio expresivo fértil en el que desarrollar su personalidad. Y lo han hecho justo cuando esta música empezaba a alcanzar su madurez desde la amplitud de registros.

“Colecciono  curiosidades cuando viajo por el mundo, música de cowboys en Colombia, instrumentos en China… Hay personas que coleccionan insectos, otras coleccionan piedras. Yo colecciono experiencias musicales”

Jimi Hendrix nació en Seattle, como Harrington, algo casual pero también un detonante que favoreció una mezcla de personalidad o actitud rock y academia contemporánea de afán viajero. “Todos los días hablo con compositores de todo el mundo, diariamente. Busco información que me ayude y enseñe. Tendría que vivir miles de años para llevar a cabo los proyectos que tengo en mente”.

Uno de esos grandes proyectos es reunir 50 composiciones de otros tantos compositores de  todo el mundo entre 2015 a 2020. En 5 años, a 10 composición por año, este repertorio  dará forma a  un legado que trasmitirá el magisterio del Kronos a jóvenes intérpretes para cuarteto. Ese proyecto se llama 50 for the future.

Fifty for the Future es un ambicioso proyecto reciente que permite llevar ecléctico repertorio para cuarteto reuniendo a una lista de compositores de distintas partes del planeta. 25 mujeres y 25 hombres están creando un corpus sonoro contemporáneo para nuevas generaciones de intérpretes. Finaliza en 2020 y cuenta con una plataforma de difusión online

Decenio asombroso en publicaciones, entre 1983 y 93 el Kronos rompe los esquemas académicos inaugurando una nueva modernidad para el formato e introduciendo a Terry Riley, Jimi Hendrix, Bill Evans, John Zorn, Hamza el Din o George Crumb. Different Trains de Steve Reich supondría el cénit creativo de este periodo

De manera innovadora por su reducido formato, el Kronos sacó una serie de cds como Eps (no era un album ni un single) que rondaban los 30 min en esos años. Los elegidos fueron Lutoslawski, Monk, Kevin Volans y la más destacada, por ser la última participación del bandoneonista antes de entrar en coma (septiembre de 1989) la de Astor Piazzolla. Los trabajos dedicados al jazz, género por el que Riley compartió con Harrington un gran respeto “como la más importante música americana del siglo XX”, tuvo al pianista Bill Evans como protagonista, con la participación de dos de sus colaboradores, el contrabajista Eddie Gómez y el guitarrista Jim Hall.

Como publicaciones concentradas y variadas de personalidades, además del más elusivo Winter was hard o el muy destacado Short Stories, uno de nuestros preferidos,  en especial estaría el titulado Kronos (1986), por ser casi una declaración de intenciones basada en una variedad temática que va del australiano Peter Sculthorpe, Philip GlassConlon Nancarrow. Para terminar con el Purple Haze de Jimi Hendrix.

Joan Jeanrenaud, la chelista que protagonizó con los demás miembros del cuarteto esta década irrepetible, abandonaría el proyecto a finales de los años 90. Sorpresivo y memorable viaje es Pieces of Africa, otro de sus trabajos incuestionables, de él sólo se puede decir que nadie ha hecho nada parecido entre un grupo de cámara occidental -con estos arreglos para cuerda- sobre temas no escritos de África y Sudán, lo que supuso el añadido de un increíble trabajo de madera percutida .

El Kronos es una plataforma expresiva tan solvente y dúctil que ha sido objeto de encargos por parte de los más variados compositores. Algunos de los más cercanos han sido Terry Riley, Henryk Gòrecki y Steve Reich

El Kronos Quartet ha colaborado con autores de los más amplios estilos y geográficas, buscando la singularidad contemporánea y la diversidad cultural. Entre los compositores más influyentes en su carrera estaría Henryk Gòrecki (foto superior centro, Harrington junto a él), de quien estrenaron sus cuartetos con la Caída del Muro de Berlín.

Pese a que el primer cuarteto polaco interpretado por el Kronos fue el nº 2 de Penderecki y que a finales de los 70 lo hacían ya con Lutoslawski, de la que quedó grabación posterior en ep como indicábamos, fueron las publicaciones sobre Gòrecki, justo antes del éxito de su Tercera Sinfonía, las que más impacto tuvieron. Harrington se convirtió en amigo cercano del compositor, con quien hablaba del cuarteto nº 4 antes de que le llegara la muerte.

Bajo encargo expreso de  Steve Reich, foto superior derecha, estrenaron una obra fundamental de la modernidad. Pieza electroacústica, guía viajera por la memoria propia del autor salpicada con testimonios de supervivientes del holocausto, significó Different Trains en 1988 (aquí comentado en el 30º aniversario) un cénit creativo en ese decenio entre los 80 y 90.

Con Terry Riley se inicia una alianza determinante para ambos. Con sus obras, recuperada la faceta compositiva del autor, se consolida el sonido del cuarteto, su empaste y ductilidad, los matices de color, apertura cultural y expresión técnica orgánica

Terry Riley (foto inferior izquierda) fue el compositor/mentor que sustantivó el empaste del cuarteto. Se encontraron en unos ensayos durante una residencia del grupo en la universidad de Oakland, California, en 1978,donde Riley era profesor del Mills College. Por entonces, Riley estaba dedicado plenamente a desarrollar su faceta de improvisador sobre fórmulas de raga en teclados eléctricos, influido por la docencia de  Pandit Pran Nath (como La Monte Young).  Harrington le impulsó volver a la escritura y fruto de ello salió G SongSunrise of the Planetary dream Collector (1980).

De su antología de 6 discos, dividida en obras acústicas y otras, posteriores en el tiempo, electroacústicas, con voces y grabaciones de campo (en consonancia por momentos con el planteamiento documental de Different Trains sin desdeñar el mensaje político) destacan sobremanera dos obras, Cadenza on the night plain (1983), pieza distribuida en virtuosísticos e inquisitivos solos instrumentales atravesados por un hilo narrativo en los 4 instrumentos para terminar en conjunto. Y la más hermosamente lírica y voluptuosamente exótica, con sugestivas inflexiones que remiten tanto a la India como a los indios nativos americanos, el ballet Salome Dances for peace (1986).

La antología, en general, es una síntesis de la obra escrita por Riley y brinda homenaje a un autor de gran influencia intelectual y espiritual en el grupo.

El Kronos consigue meterse en la piel de otras culturas como la india, la china, la celta o caucásica. El disco A thousand thoughts encarna este espíritu indómito

Pantallas y cine también han sido terrenos explorados por el Kronos. La ductilidad de su sonido, con ese toque apasionado en contraste con su capacidad orgánica única para la tensión incisiva y para crear atmósfera, han servido a las películas de Mishima, algunas de Bollywood o la Grande Bellezza, con autores tan distintos como Philip Glass (también grabaron sus gélidos cuartetos), R.D Burman y Vladimir Martynov. El año pasado se estrenó con Laurie Anderson Landfall, obra audiovisual para voz, electrónica y cuerdas (leer más aquí).

Hay dos recopilatorios o colecciones que destacan en su discografía reciente. A Thousand thoughts (2014) es un completo cóctel cultural y geográfico que va del blues profundo y telúrico de Dark was the night, cold was the ground de Blind Billie Johnson (asombrosa técnica de slide adaptada al violín) a un tema litúrgico judío, Shim Shalom, uno mongol o el primero grabado de Riley G Song.

Otra compilación en línea con Short stories, en su planteamiento narrativo variado y abreviado, sería Early Music (2007),  una lectura absolutamente personal que intentaba vincular músicas centenarias entre la polifonía gótica de Guillaume de Machaut a John Cage o Harry Parcht, como tratando de decirnos, ¿qué es antiguo? Menos redonda, con sus respiraciones y silencios, nos parece Ghost Opera (1997),  colaboración de Kronos Quartet y el instrumentista de pipa china Wu Man para la ópera del mismo título de Tan Dun escrita en 1994.

Otros momentos singulares en su carrera, antes de su esperada colaboración con Laurie Anderson, fue su colaboración con el grupo islandés Sigur Ros (2007), grupo pop del que Harrington alabó su manera de componer, y también se produjo en 2003 el directo Beat Howl desde el Lincoln Center con canciones clásicas de Tom Waits y con él al micrófono. No cuajó lo suficiente para hacerlo disco.

Su penúltima aventura intercultural es el nuevo disco con el trío malí Da Kali, un delicioso encuentro entre voz, kora, balafón y el énfasis lírico y atrevido en los arreglos del Kronos. La integral de obras de Terry Riley en 6 discos (Sunrise of the Planetary dream Collector, ya citado) y el estreno aquí comentado de Landfall con Laurie Anderson son sus publicaciones más recientes, sin citar su completo trabajo en Fifty for the future online. También acaban de estrenar, el Kronos es imparable, una colaboración con las hermanas cantantes iraníes Mahsa and Marjan Vahdat.

Kronos Quartet
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