El mundo fantástico de Wes Anderson

Es uno de los creadores más originales del cine reciente. La composición coral de sus obras se basa no ya en una cuidada y detallista estética propia, entre acción real y animación, también en una integración a un grupo social -casi familia- reunido por azar. Argumento colectivo que se desenvuelve en situaciones inverosímiles y decorados insólitos donde fantasía, color y música se alían con imaginación infantil y mente neurótica de adulto.

Le reprochan que se repite, afirma con una sonrisa; que su sello es tan personal que sus películas deslizan una y otra vez guiños formales o narrativos que se han convertido en tópicos.  Y eso lo dicen después de haber entregado dos obras de envergadura tan distintas como Grand Hotel Budapest o Isle of Dogs. Anderson se ha sabido rodear de un equipo de fieles amigos. Desde actores a compositores o producción,  participan de  una voluntad de estilo de tono humorístico impulsada por una acción narrativa repleta de diálogos sorprendentes, todo ello empujado por una elaborada música (del pop a la música clásica o el folclore) que evita caer en los clichés de la comedia musical.

Uno de sus sellos que funciona a modo de prólogo, aunque parezca ser un recurso manido pero que en él cobra una dimensión esclarecedora y moderna, es anunciar la acción inicial de las películas levantando un telón, subrayando el hecho de representar algo, de una función con formalidad teatral que va a tener lugar ante el espectador. O también de un cuento que va a ser contado. Esto se comprueba en dos de sus más definitorios títulos Mundo submarino y The Grand Hotel Budapest. Aparece una voz  a la que se le pone cara, un alguien, o incluso luego más de uno varios, que presentan distintos ángulos desde donde va a ser narrada la historia, con lo cual de generan esa especie de escenas o cruces surrealistas.

Madrid, 27 de Febrero 2018. Wes Anderson y su traje de pana inglés, del color naranja de Mr. Fox

Y todo este apasionante y colorista mundo personal lo hace posible una persona que ha llegado a él sin formación alguna en artes visuales, pues estudió  filosofía y hoy es director, guionista, productor. Wes anderson nace en Houston en 1969. Sus padres se separaron cuando aún era niño, elemento que transciende en un cine en el que el grupo, la familia y la creación de vínculos colectivos es una constante con una mirada de cierta nostalgia hacia la infancia.

Con su amigo Owen Wilson puso en marcha, en Super 8, Bottle Rocket (debut en dos entregas, 1994-96), luego la más llamativa fue Academia Rushmore (su estilo toma forma, 1998),  Los Tenenbaums. Una familia de genios (catapulta de autor gracias a un humor excéntrico nuevo, 2001), Life Aquatic (emblemática, deliciosa hilarante, chapuzón familiar, 2004),  The darjeeling Limited, Viaje a Darjeerling (disparatada pero poco convincente, 2007), Moonrise Kingdom (descubriendo el amor de la inocencia en una isla, aires marciales de boysouts contra libertad, 2012), The Grand Hotel Budapest (cúspide de estilo, profundidad en el perfil de personajes, 2014) y añadió entremedias una serie de cortometrajes entre los que destaca Hotel Chevalier (2007) y Come together (2016). Sus dos películas stop motion han sido Fantastic Mr. Fox (2009) y la del año pasado Isle of dogs (2018).

Su nuevo proyecto se titula The French Dispatch, “una carta de amor a los periodistas de una corresponsalía de un periódico americano en el París del siglo XX, con tres líneas narrativas”. Será una mezcla propia del autor, en la foto con bufanda amarilla, entre musical, comedia y drama protagonizado por actores de su escudería como Bill Murray, Frances McDormand, Tilda Swinton o Adrien Brody, y un recién llegado Benicio Del Toro

La estética y localizaciones de sus últimas películas, además de su vestimenta de gentleman british algo pop, con esos trajes de pana naranja y zapatos a juego, ya nos daban de algunas pistas sobre una cercanía geográfica y cultural a Europa. Anderson vie a medio camino entre el campiña inglesa del condado de Kent y la ciudad de París, donde tiene instalada su oficina de trabajo además de un apartamento.

The Grand Hotel Budapest nos sitúa en la zona de la Bohemia húngara en una época de balnearios, a finales del siglo XIX. Podría ser el escritor Thomas Mann y La Montaña mágica el contexto inspirador, aunque la verdadera inspiración la toma de uno de los escritores referenciales para entender la decadencia y desmembramiento en las fronteras del Imperio Austrohúngaro, el también escritor Stefan Zweig.

Nunca un hotel tuvo mejor aspecto de pastel “Mendl” que en este idílico cartel. Una estética entre pop y postal decimonónica

Con su habitual estilo desenfadado, colorista y dinámico, Anderson sitúa la historia en este antaño idílico refugio. Para ello, nuevamente, se vale de un narrador, un testigo, un curioso que se hospeda en un hotel, al que un protagonista de la historia, un jovenzuelo que llega como botones y narra la estimulante historia del Budapest y de su extravagante, sofisticado y caballeroso regidor, Monsieur Gustave de Ralph Fiennes. Una trama, como es habitual en Anderson, invitamentente coral.

Grand Hotel Budapest, apasionante y bizarro mundo, lúcido y ameno, en el que Anderson toma como decorado un espacio ahora decadente, antaño lugar de placidez y descanso para la nobleza y alta burguesía del Imperio Austrohúngaro de finales del XIX, una clase acomodada y dulce hasta rozar el color rosa, como una caja de pasteles Mendl. El cineasta conduce a sus singulares personajes por peripecias personales y acontecimientos bélicos que sobresaltan la historia de fronteras al llegar el siglo XX, inicio de la descomposición del eje de la cultura alemana (pacífica).

Esa precisión en planos en horizontal, juego de simetrías y velocidad de cine mudo, añadiendo humor soterrado y la comicidad de situaciones absurdas, más la refinación romántica con lazo de color rosa, hacen The Grand Hotel Budapest una de sus mejores películas

Marca de la casa, con esa precisión en planos en horizontal, juego de simetría y velocidad de cine mudo, añadiendo humor soterrado y la comicidad de las situaciones absurdas, más esa la refinación romántica con lazo pop de color rosa, hacen The Grand Hotel Budapest (2014) una de sus mejores películas. Una obra donde pese a esa aparentemente disparatada puesta en escena encierra más complejidad y profundidad, tanto en sus personajes como en el contexto. Y como sonido identificativo de la región, el címbalo, instrumento húngaro que nos recuerda con su brillante y contagioso repicar su ubicación centroeuropea. Convence la idea de situar esta obra en una creación donde la forma no prevalece sobre el contenido.

Isle of dogs trata sobre “exilio” de unos “apestados” cánidos que son enviados a una isla que funciona como contenedor de basura, alegóricamente “campo de refugiados”. Inspirada fábula sobre la marginación a los débiles, se antoja como prolongación de Fantastic Mr. Fox 

Fantástico Sr Fox (2009) fue su primer stop motion movie. Una película sorprendente, muñecos animados para todos los públicos, aunque contenía un mensaje “marxista” sobre la explotación industrial  que opera en la superficie de una comunidad animal – “el mundo obrero”- que se ve obligada a resistirse por la supervivencia en el subsuelo con picaresca y guerra de guerillas.

Isle of dogs, su espléndida película de animación de 2018, describe una idea sobre el “exilio” de unos incómodos perros que son enviados a una isla que funciona como contenedor de basura o “campo de refugiados”. Inspirada fábula sobre la represión a los débiles, se antoja como una prolongación de Fantastic Mr. Fox. Como  The Tenenbaums o Moonrise Kingdom pero sobre todo Fantastic Mr. Fox,  I la de perros une a individuos aislados que acaban formando una familia, un grupo de perros con unos roles específicos y un fin colectivo.

El lugar elegido para esta representación ágil y futurista (20 años en el futuro) es Japón. Tanto Kurosawa con Miyazaki forman parte de los autores referenciales de Anderson en esta ocasión.

La figura del dictador  Kobayasy (la medieval de Kurosawa en la era Sougun, como político corrupto en un falsa democracia que es Megasaki City) se ponen en evidencia en la controversia de los derechos que asisten a distintos. El respecto a la naturaleza la polución industrial y los ancestros que inundan el cine positivo y humanista de Miyazaki son los otros valores en desequilibrio.

Una mirada infantil y la adulta en conflicto de intereses que está impulsada por la imaginación y el mundo de fantasía propio de un niño (Atari Kobayashi) en busca de su perro, destilando conciencia política de una manera casi más explícita que en Fantastic Mr. Fox. Ecología, maltrato, discriminación social y corrupción política salen a flote en Isla de perros.

El compositor Alexandre Desplat es una de las alianzas más sólidas de Wes Anderson. Su versatilidad estilística, oído omnívoro y capacidad descriptiva y animada de la música, convierten cada película en un reto sonoro sólo al alcance de uno de los músicos más originales y solventes para pantalla

La capacidad e inteligencia adaptativa del compositor de cine Alexandre Desplat para describir la imaginación animada de Anderson usa aquí patrones rítmicos basados en los tambores taiko, la percusión y el ritmo, los contrastes muy fijados entre registros graves y agudos confieren la personalidad a un score -como siempre- fascinante, un prodigio equilibrado entre la tradición de tambores japoneses y una construcción sofisticada y pop.

Desplat (París 1961, de quien analizaremos en breve su carrera en este espacio) es un compositor de cine franco-griego. Ha ganado dos Premios Óscar por sus bandas sonoras para las películas El Gran Hotel Budapest La forma del agua, al tres César, tres BAFTA, dos Globos de Oro (dos ganadoras), dos Grammy (dos ganadoras).

Desplat ha trabajado, además de a nivel sinfónico para obras propias, en una gran variedad de películas, incluyendo éxitos independientes como The Sisters Brothers (aquí comentada) y comerciales como La brújula doradaEl curioso caso de Benjamin ButtonHarry Potter y las Reliquias de la Muerte, El discurso del reyGodzillaThe Imitation Game y, claro está, las estimulantes películas de Wes Anderson.

 

Tïtulo: Isle of Dogs (Isla de Perros). Año: 2018

DirecciónWes Anderson

GuiónWes Anderson (sobre una historia escrita por Wes Anderson, Roman Coppola, Kunichi Nomura, Jason Schwartzman)

Música: Alexandre Desplat

Reparto-voces:Bryan Cranston, Koyu Rankin, Edward Norton, Bob Balaban, Bill Murray, Jeff Goldblum, Kunichi Nomura, Frances McDormand, Akira Ito, Scarlett Johansson, Harvey Keitel, F. Murray Abraham, Yoko Ono, Ken Watanabe

Fotografía: Animation, Tristan Oliver