ECM

La emancipación del contrabajo de sus funciones de vertebración rítmica se diluyen en los años 60 con las nuevas vanguardias que venían no sólo del free sino del melodismo de Bill Evans. El propio fundador de este sello lo interpretaba antes de dedicarse a su labor de productor (arriba en la foto en blanco y negro). Eicher siempre ha apostado por facilitar diálogos entre músico e instrumento a solas. Y éste no iba a ser menos.

Pero antes de entrar en su catálogo, conviene no pasar por alto un álbum imprescindible que quedó fuera, Amir, de Henri Texier, maravilloso y sugestivo respirar por el folclore bretón  en los 70. Volviendo a ECM, el primero que apoyó reunió a dos enormes talentos, uno más joven que otro, Dave Holland y quien sería su baluarte en la exploración instrumental en ECM, Barre Phillips.

Sucedió al poco de empezar el sello, en 1971, en el escueto e interesantísimo, también algo desajustado, Music from two basses. Luego llegó el viaje al jazz nórdico, con Palle Danielsson o Arild Andersen, ahora cubiertos con Mats Eilertsen o Anders Jormin, pero también Miroslav Vitous. Aunque quien de verdad ejerció una enorme influencia en el contrabajo orquestal, pues usaba técnicas de desdoblamiento u overdubbing, fue el gran Eberhard Weber con su dulcificación eléctrica redondeada. Publicó en solitario Pendulum en 1993; Phillips en 1981 Call me when you get here.

Ahora aparecen de manera consecutiva dos, uno a modo de epílogo de la carrera del veterano músico y otro con un valor indiscutible del presente, el de Larry Grenadier. Dos posiciones creativas muy personales, sobria y elíptica en el caso de Phillips, de opulenta onda expansiva la del joven maestro. Complementarias.

 

ECM 2019-Distrijazz

Nació en San Francisco en 1934, aunque vive en el sur de Francia desde 1972. Participó junto a Ornette Coleman, Archie Sheep y Jimmy Giuffre. Music from two basses fue una visionaria sesión improvisada con temas propios de 1971 junto a Dave Holland, primera de sus participaciones en el sello. Circunscrita a etapas de experimentación mestiza-india como Three day moon o el muy sugestivo aunque exigente -con trabajo de cinta electroacústica- Aquarian rain, o los dos que hizo a trío con Paul Bley y Evan Parker serían títulos destacables. Improvisadores libres como Parker trabajaron con él desde finales de los 60. Contrabajista como lo era Eicher entonces. Journal Violone del 1968 se anticipó a Call  me when you get there. Ahora nos entrega este testimonial End to End.

Con 83 años, Barre Phillips acude al estudio en lo que parece ser una despedida. Queda cerca de casa Pernes-les-Fontaines, al sur de Francia, donde vive desde los años 70. Sonido hecho de círculos en soledad, esencial y menos exuberante que aquél Call me when you get there que publicó en 1981 en este mismo sello

Como venimos diciendo de otros autores de cierta edad, la esencia llegado el momento en que las energías merman, se adapta al contexto. Sorprende encontrarse con un Barre Phillips menos incisivo, mucho más apegado a los movimientos acompasados y superpuestos de manera sencilla, con una cierta lógica infantil. De tono minimal se podía considerar esta sesión que no tiene más pretensión que extraer sonoridades nobles y siempre con ese lado de abstracción serena y algo sombría que él ahora nos ofrece con más arco que pizzicato. Honesto, pulcro, sobrio, sabio. Un disco que susurra y casi ronronea cerca del alma.

 

ECM 2019-Distrijazz

Participando y actividad como hace desde que llegó de su San Francisco natal a estudiar a Boston, y de ahí a Nueva York, y de allá a ser el más fiel acompañante de Brad Mehldau desde hace más de 25 años, para luego pasar por el muy interesante Fly trío, participar en colaboraciones con Charles Lloyd aquí mismo (The water is wide, ECM) o más recientemente en poderoso cuarteto Hudson

En un extremo opuesto de virtuosismo de sentido estético y formal al mismo tiempo, estaría esta intachable muestra de solvencia técnica, placer por lo nuevo sin perder de vista el pasado, con la decidida capacidad de comunicar desde una articulación prístina y sensitiva a la vez. Pese a su exigente articulación, no se manifiesta frialdad, si acaso esa distancia que deja la perfección de la que que Barre Phillips se ha olvidado hace tiempo.

A diferencia de Phillips, con una predisposición vigorizante entregada a una ejecución precisa, aupado por una técnica y energía prodigiosas, Larry Grenadier recibe la invitación de desde la concentración y el latido en cada detalle y temáticas

El repertorio es una delicia, y debemos subrayar que su distribución es muy acertada, dejando la funcionalidad interpretativa, trabazón melódica, exploración interior y dinámicas en planos con arco bien repartida. Se incluyen temas propios suyos junto con piezas de, atención, George Gershwin, John Coltrane y, cómo no, referente por muchos años venideros, Paul Motian. Su mujer, Rebecca Martin, con quien mantiene un dúo, aporta también uno.