El título podría venir dado por el budismo en su creencia de vidas preexistentes que vamos acumulando en otras posteriores, corrientes de experiencias pasadas. Pero no, cuando hablamos de Oliver Sacks, además de admiración por su increíble capacidad integradora y asociativa de otros saberes en su especialidad, hablamos de un neurólogo  de enorme capacidad de elucidación. Antes que nada lo que transmite es su condición de  humanista comprometido con todas las formas de vida que nos han llevado hasta aquí, hasta él.

Darwin, el Freud anatomista, la falibilidad de la memoria, trastornos con valores insospechados, erudición y pasión casi infantil conducen con precisión y amenidad, y desde la flores de su jardín, a su último libro, cuyo borrador dejó listo 2 semanas antes de morir con 81 años en 2015. Todo para alcanzar este epílogo: la conciencia de  que la Vida une a todos los seres vivos en distintas escalas.

No hay que fijarse en estratos cambiantes que se mueven en los bordes de la ciencia, el esoterismo o la superchería. No hay más que mirar el árbol de la vida para comprender la antigüedad y el parentesco de todos los seres vivos, y cómo, en cada momento encontramos una “descendencia con modificación”, Darwin siempre quiso hacer hincapié en la continuidad de la vida y que en cierto modo, desde las plantas, era botánico y esa tarea, que aquí recoge, no ha sido suficientemente estudiada, descienden de un ancestro común.  Resulta fascinante pensar que Darwin buscara “mente”, “procesos mentales”, “inteligencia” en animales tan primitivos como las medusas o las lombrices”.

En cierto modo, todos los temas que ha abordado desde sus experiencias clínicas (recordemos Despertares, de la que se hizo película con Robin Williams y Robert de Niro) se originan en su percepción del funcionamiento de la mente humana y más allá de ella de la vida misma. Todo este colorario está aquí instructivamente reflejado en pequeños compartimentos de sabiduría que hilvana y detalla con las aportaciones de otros grandes científicos pioneros en su materia. Y pasa de los protozoos a los mamíferos y por su puesto a la mente humana: “La sensibilización y la habituación son fundamentales para la supervivencia de todos los organismos vivos. Estas formas elementales de aprendizaje, una ameba, por ejemplo comparada con un perro, duran minutos a lo sumo. Le pasa a las flores. Para que sean más duraderas necesitan aparato nervioso”.

 

“Me alegra ser consciente de mi singularidad biológica, mi antigüedad biológica y mi parentesco biológico con todas las demás formas de vida. Ser consciente  de lo que me arraiga a ellas, me permite sentirme cómodo sea cual se mi papel en el mundo, natural, cultural y humano. Darwin y mi intuición sobre esas ideas de las flores de mi jardín infantil en Londres. Y ya ha pasado toda una vida”

Esto le da pie a entrar en Freud, un hombre con un talento narrativo asombroso que se dedicó a aglutinar todas las intuiciones psicológicas desde un punto de vista fisiológico, como neurólogo y anatomista entre 1885 y 1898. Por entonces escribía a un célebre colega… “Como sabes trabajo bajo el supuesto de que nuestro mecanismo psíquico ha cobrado existencia mediante un proceso de estratificación, y de que el material presente el material presente en forma de rastro de memoria se ve periódicamente reordenación acorde a nuevas circunstancias: lo que llamó una retranscripción“. Como sabemos, Freud finalmente se decantó por el psicoanálisis, “pensando que su experiencia psicológica podía ser igual ya proviniera de una realidad que de una fantasía”

“El papel central del cerebro es la construcción de categorías, primero perceptivas, luego conceptuales en un proceso ascendente cuya meta es la conciencia.

El siguiente punto de interés, también relacionado, es el de la memoria, que antes se citaba. Habla de Nietzsche y su “revaluación de todos los valores”. La memoria cambia continuamente en una reconstrucción individual e imaginativa. A partir de nuestra actitud, pulsiones, instintos, afectos. “El papel central del cerebro es la construcción de hipótesis y categorías, primero perceptivas, luego conceptuales en un proceso ascendente cuya meta es la conciencia. De ahí que asienta que psicoanálisis y biociencia son compatibles y que los universos de lo humano y la ciencia natural pueden llegar a confluir. De la memoria, siendo habiendo asistido a tantos pacientes, concluye. “Nuestra única verdad es la verdad narrativa. La memoria no surge de una experiencia sino del intercambio de muchas mentes”

Muy enfermo de cáncer de hígado, tratándose al final con nuevas terapias experimentales, dedica un capítulo a esos resquicios donde el dolor cede. Y lo expresa así, mientras puede escribir: “Continuamente expresas gratitud, como si acabara de ocurrir lo inesperado. Es la gratitud de un convaleciente…La alegría por las fuerzas regresan por una fe renovada en un mañana o en un pasado mañana, por la repentina sensación de que existe futuro, por las inminentes aventuras por los mares que vuelven abrirse…” Por ese río de la conciencia que nos lleva.

El Río de la conciencia Oliver Sacks

Editorial: Anagrama

Traducción: Damian Alou

Número de páginas: 232

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