Los grandes músicos concentran con la edad la esencia de su arte en pequeñas pinceladas de genio, en un tono animado o infantil o en un gesto caprichoso lanzado al aire. Algo así me recuerda las sonrisas de estos maestros  absolutos(en la foto inferior) del arte jazzístico moderno. Es la actitud positiva y contagiosa de alguien que toma el relevo de otros gigantes. Porque Bley representa el piano de Ornette Coleman, que apenas lo usó en sus formaciones. Porque Paul Motian es un triángulo perfecto en el que habitan Coleman, Monk y Bill Evans. Porque Gary Peacock es cantante y recitador, ponente de un bajo que establece un discurso de iguales tocando ya en los 60 con Ravi Shankar o con Bill Evans también (por no citar su dimensión Jarrettiana).

Uno se encuentra en la cafetería de un teatro, el Central de Sevilla, justo durante la gira de marzo de 1999 que da lugar a este concierto-disco y asiste incrédulo a una experiencia visual única: tres de esos músicos que debes conocer en profundidad bromean sentados alrededor de una pequeña mesa. Apostaría, pese a la tendencia inventiva de la memoria, que dos estaban tomando café y Paul Bley un vino tinto. Esta cita venía de la publicación previa en ECM Not two, not one, que causó gran interés pero que ya desde el título resultaba elusivo: se decía entrelíneas que no era un trío, ni dos ni uno. Diez años antes de ese trabajo que dejó un poso de decepciones, salió Memoirs (Soul Note, 1989), donde Bley estaba acompañado de Charlie Haden y Paul motian. Ese sí era un encuentro compacto y sólido en todos sus vértices de creación, un encuentro espontáneo con un resultado homogéneo entre composiciones propias y temas clásicos.

De Peacock y Motian, de los conjuntos a trío en los que han coincidido al final de sus carreras, sólo se puede subrayar su transcendencia  al estar basadas en ejes narrativos y no en una excusa; la explorativa de sonido y espacio en el caso de tener de pianista a Marilyn Crispell sobre Annette Peacock, o la sencillamente sustanciosa y exuberante de Tethered Moon junto a Masabumi Kikuchi para, por ejemplo, Edith Piaf.

Paul Bley, Gary Peacock, Paul Motian, los tres rozando los70 años para esta cita cuyo hermoso título se debe a Ornette Coleman, acaso el autor que más influyó en un arte pianístico, el de Paul Bley, cuya modernidad no cesa de latir desde el blues. La gira de 1999 ha recuperado este registro desde Lugano que mantiene las carencias del de estudio Not two, not one en ECM

Los mejores discos de Paul Bley para ECM, a nuestro entender, serían su solo Open to love, los cuartetos con Frisell, Motian y Surman (sobre todo el primero homónimo) y no descartaría el trío con Barre Phillips y Evan Parker Time will tell. La profundidad de campo que proyecta su mensaje, sin recargar ornamentos ni caer en falso virtuosismo atendiendo a un fluir de conjunto absolutamente mágico, es lo que le confiere a su música un clima reflexivo y distante, hermoso y esquivo.

La arquitectura abierta es cómplice de una profundidad de campo matizada por sus acompañantes. Pero aquí su toque elocuente y aún ágil y con músculo tiene respecto a sus acompañantes una posición de acusada distancia, dando como resultado un enfoque fragmentado, que ni los ajustes de colocación de los temas en esta edición evitan que la ocasión resulte algo deslavazada, pivotando entre solos de piano, Told you so y I loves you Porgy,  y dejando como el mejor ejemplo de todos el primero que lo abre, Mazatlan, firmado por el propio Bley.

When Will The Blues Leave

Paul Bley piano

Gary Peacock contrabajo

Paul Motian batería

Grabado en Aula Magna STS Lugano-Trevano, marzo 1999.

ECM Records 2019-Distrijazz