ALI FARKA TOURÉ

(80º aniversario 1939-2019)

Un agricultor o un músico puede enseñarte todo sobre tus raíces. Ali Farka Touré siempre cantó desde su tradición mandinga de Niafunké, al norte de Mali y cerca del Níger. Del desierto de Sahara a otro río, el Misisipí, huellas de piel cruzan el Atlántico para llegar al blues sureño. De un famoso río a un olvidado desierto, allí dejó marcada su voz y su guitarra

Debió ser por 1986. Un periodista de BBC3 entra en una estrecha tienda de discos y cintas con olor a polvo del barrio de Barbés en París. Curiosea, no reconoce gran cosa. Le llama la atención una portada (ver abajo, en rojo y letras en amarillo) en la que un señor no anuncia que es músico, no porta ningún instrumento encima, sólo está ahí con su gente. Es la imagen de  hombre distinguido y noble. De casta.
Ali Farka Toure (Kanau 1939-Bamako 2006, Mali) tenía humildes publicaciones desde mediados los años 70, pero ese vinilo llegó a los estudios en Londres. El resto del relato de Andy Kershaw, así llamado el locutor, cuenta el impacto que causó en su audiencia y el recorrido que tuvo.Y hasta allí le siguieron, buscándole por Mali a través de anuncios radiofónicos. Luego fueron apareciendo en los 80, tocó en Reino Unido en el 87 The River (ellos también tienen su río como el Misisipí, el Níger), Radio Mali o The Source  como nuevos títulos o reediciones rescatadas por World Circuit.
Viajó a los EEUU ya en los 80 y más en la década siguiente. Fichado por World Circuit, sello que no paraba de crecer incluso después del boom de la world music, en 2004, 20 años después de su grabación bajo la segunda producción del entonces futbolista Boubacar Traoré (75 años, de Keyes, del medio oeste, pasa el río Senegal), el sello de Nick Gold puedo reeditar del registro en SONO DISC ese “disco rojo” que hemos situado justo debajo (Red/Green se tituló).

Ali Turé (la o proviene del francés) procedía del Norte de Mali, en la árida región subsahariana que tiene por capital a Tombuctú, aunque su ciudad sea Niafunké. Es un lugar extraño, como de pueblo del Oeste donde el viento hace remolinos por calles vacías Su cultura es de castas, ya decimos de su orgullo abolengo. No se arrepiente de formar parte de los griots del Sur de Mali, trovadores mandingas (no se llevaba muy bien con la actitud de fusión de Salif Keita, que mediados los 80 sacó el éxito Soro), que con sus cantos extienden la tradición desde el epicentro que es la capital, Bamako. El se se dedicaba a sus dos granjas y a ser patriarca.

Cerca de Niafunké pasa desde hace siglos el pueblo Tuareg (“olvidados de Dios”) en su cruce nómada por 4 países. Los árabes les temían, por ser tribales y de mezcla animista. Un  festival nació en el desierto de Essanake al calor de esta cultura no ha sobrevivido al fanatismo

(película-testimonio-denuncia Timbuktú 2014)

De esa tierra el músico siempre defendió que fue el origen del blues occidental.  ¿Existe consanguinidad posible en la música entre paisajes de dunas arenosas  en el Níger y la de pantanos de frondosa vegetación a las orillas del Misisipí? Sin duda. El fenómeno complejo  el de un asentamiento por esclavitud.

Touré, después de escuchar detenidamente a los históricos del blues norteamericano y de haber colaborado con Ry Cooder (aunque no todo lo que brilla en el americano reluce) y Taj Mahal, el malinés sigue pensando, con fundada arrogancia, que a lo que nosotros en occidente llamamos blues, para ellos siempre es su música. No debe faltarle razón cuando toda una leyenda del llamada Taj Mahal regresa con fines arqueológicos a Malí acompañado de Toumani Diabate para una muestra irrepetible con Toumani Diabaté Kulanjan (Hannibal-Rykodisc, 1999).

Construcciones en Tombuctú. Fundada en 1100, conectada por el río Níger, alcanzó su esplendor en el siglo XVI. Ciudad fronteriza entre área negra y  musulmana, desde 2012 población civil y touaregs están en conflicto con el yihadismo. Talking Timbuctú en 1994 fue el disco con el que Ry Cooder que le puso en la escena internacional.

La cultura y las lenguas también son distintas entre Norte y Sur en Mali, país enorme en extensión que linda con Senegal. “Tenía los dedos tan grandes como Robert Johnson….Su estilo guitarrístico es único, por eso se ha do toda una estirpe. Su grupo solía ser reducido, dos percusiones, una era na gran calabaza y solía añadir bajo eléctrico. Siu heredero en la guitarra, Vieux Touré mantiene, aunque con más fusión la fórmula.
El estilo de su padre estaba lacado en negro con adornos de marfil, o quiezá eran fuesos rescados poro el sol. No hay drama, no hay  tristeza de cruce caminos en su blues agrícola, sí cierta altivez. Hombre de envergadura, imponía respeto y distancia. Nos conocimos en Sevilla, debajo del Puente de Triana. Allí descubrí su magnetismo. En realidad no era n virtuoso, ni se jactaba de ello. Tocaba de forma autodidacta. Había pasado a la eléctrica por medios casi artesanales de amplificación de caja.

No acariciaba su guitarra como B.B. King a su Lucy. La rasgaba y hería usando a veces púas extrañas de su zona, pero básicamente la tocaba con sus enormes dedos

La articulación era natural, espontánea, el sonido podía volverse en remolino arenoso y repetitivo, una maravilla típica de la guitarra africana. Era ese sonido punzante y entrecortado balanceado en los registros graves. No acariciaba su guitarra como la Lucy  de Be be King. La rasgaba y hería usando a veces púas extrañas de su zona pero básicamente con sus dedos. Los temas eran sencillos, con cambios centrales de tiempo que les daban otro recorrido de intensidad.
La percusión la hacían Hama Sankaré y Umar Turé, luego entró el bajo. Alargaba sus entradas con solos, cuando cantaba, gran cambio de agudos en los discos de los 80 a Savane, el último de 2006, Las temáticas eran costumbres, sin pretensiones, mucho cortejo a la mujer, consejos a los jóvenes de los peligros de los cambios a la ciudad, valor de preservación de las costumbres.

“Nuestra música es el blues de Occidente”

En Niafunké, a nuestro entender, como los trabajos de las portadas señaladas en los collages, es de esa clase de discos que se hacen cuando uno ama el lugar en el que vive y que le vio nacer. Austero, a la sombra de un edificio por el que se siente la atmósfera sofocante pero a al vez plácida que facilita una brisa agradable. Equipo mínimo en el suelo, un rincón entre arcos altos de gruesos muros, mujeres sentadas…es uno de sus discos más auténticos, dice el músico.

Allí a su inconfundible guitarra eléctrica se rodean de dos viejos colaboradores, Hama Sankaré y Umar Turé (en las percusiones y coros tres voces femeninas), del njarka (violín tradicional) y de dos guitarras más en algunos temas. El resultado es un encuentro veraz con la tradición a la que, con amor y fidelidad, Touré considera el terreno más rico donde sembrare.

Un sabio agricultor puede enseñarte todo sobre la tierra si buscas tus raíces en Niafunké, al norte de Mali. Del desierto al río Misisipí, por huellas ahogadas en el Atlántico, salió lo que conocemos como blues. Entre un famoso río y un olvidado desierto, la esencia

Pese a alcanzar el éxito, incluso habiendo hecho discos que se salían de su espacio protegido tradicional, no ya por colaborar con Cooder, ni mucho menos por sus trabajos con Toumani Diabate, en su último trabajo, publicado antes de dejarnos en 2006 titulado Savane, el guitarrista vuelve sobre las pisadas que el árido viento del progreso no ha barrido. Y en ese soplido de vida está Charlie Musselwhite o Cachaito López, que le ofrece un sabor cubano que encaja a la perfección. Un rico testimonio de este fauno del desierto que cumpliría 80 años.