En su catálogo para ECM observamos una equilibrada muestra de modernidad que orbita entre muy señalados de la primera mitad del siglo XX, aportando no ya complejidad armónica y tímbrica, invención tecnológica en nuevas técnicas percusivas o rítmicas y placidez sensitiva sino un decidido diálogo por naturalizar escritura y lenguaje improvisado. Cage, Anhteil, Nancarrow, Mosolov, Barraqué, Mompou y Otte son los elegidos.

Contactamos con el autor para este artículo. De hecho, ya lo habíamos hecho hacía años para un ciclo sobre Picasso que preparaba como comisario. Ambas disculpas han sido por indisposición. Henck había contraído una enfermedad degenerativa que le separó de los escenarios en 2006. El corpus sonoro legado en este sello por Henck adquiere desde entonces una llamativa coherencia y solidez estética, además de una rotunda personalidad en la selección del repertorio.

Él antes había dejado estupendas publicación de obras canónicas del piano para el sello Wergo, desde la Sonata nº2 Concorde de Ives, Music of Changes de Cage hasta las Klavierstücke de Stockhausen. Y en ECM, con una intención abruptamente impedida, quedaron estas publicaciones nada anecdóticas, con el objetivo de liberar de formalismo académico para permitir abrir las ventanas de un repertorio personalísimo ofreciendo  un aire oxigenado, desenfadado, auténticamente pujante y actual. 

Su objetivo es indagar en la personalidad de la obra no del contexto. En su esquema se olvida de todo lo que le rodea, de todas vanguardias pictóricas o literarias, de toda escuela o personalidad absorbente se zafa: ni post nacionalismo ni post impresionismo, ni Stravinsky ni Schönberg, de los americanos Gershwin, Copland o Wolpe, de Hindemith o Schuholff, del primer Feldman o de Messiaen e incluso de su admirado Bartók, de todos prescinde.

Henck es músico de tesis, un investigador, con publicaciones en libro, que se acerca al repertorio como área de conocimiento. Nació en Treysa, Hessen, en 1948, y estudió primero Mannheim, Stuttgart y luego Colonia. Especializado en el repertorio del siglo XX, se ha implicado también como compositor con herramientas de improvisación asistida, y en esta selección hay muestras de ello.

A nuestro parecer, estos discos son como casas que se diseminan en una calle elegante con cierta monumentalidad de líneas y encuadres en unos casos o más ornamental en otros. No es fácil imaginar un espacio vacío cuando está ocupado por una vivienda que ya reconoces. Cada edificio no sólo se sitúa por sí mismo, sino que desplaza a otro. Aquí sucede esto. En conjunto, es un ciclo de un valor intransferible con solvencia estética y cronológica. Son claros valores de precisión y solidez interpretativa con la incorporación de un subtexto traído de una adjudicación fibrosa y absolutamente naturalizada del fenómeno improvisado.

Estos discos se adosan como casas en una calle elegante y discreta. Dotadas de cierta monumentalidad y más o menos ornamentación, no es fácil imaginar vacío el espacio desplazado por esta extraordinaria arquitectura

Establezcamos un criterio selectivo para distribuir este espacio que el mismo Henck, autor a autor, desgrana en las notas de los discos. John Cage aparece con su primer piano al natural (ahí tienen a Music in a landscape) y luego sus fundamentales y chispeantes Sonatas e interludios para piano preparado. Es un disco doble completado con las variaciones compuestas por el propio Henck para Localations y Festeburber Fantasien.

Esta publicación es de la más completa y desde luego rítmica. Luego tendríamos el disco más lúdico y jazzístico dedicado a George Antheil, siempre juguetón y divertido en su  sentido sincopado, y a Colon Nancarrow, preciso, puntillista, mecanicista y con mucho sentido de blues desde México.

Evita Henck el impresionismo francés. El piano “secreto” de Jean Barraqué, su mayor vuelo compositivo (su sonata de 195o-52 es comparada con la 2ª de Blouez), define un talento de precisión y original escritura, y también a un hombre de personalidad difícil. Es la única apuesta de naturaleza dodecafónica de todas. Pero no es una imagen tópica ni deudora de influencias expresionistas o webernianas, sino propia, de un musculoso ejercicio técnico de enorme brillantez expresiva y cargada tensión poética: despega desde el primer momento y nunca se trastabilla.

En estas las dos islas que forman Barraqué y Alexandr Mosolov. Independizado de Scriabin o Prokofiev, con ese vínculo apasiano teñido de cierta sombra que les podría unir, se explican en este encuadre de estructuras de complejo engranaje casi serial e irrupciones afectadas. Autor de clase media-alta en años de Revolución, se entregó en los años 20 a ella y a su arte social (de la mitad de esa década son sus sonatas), sin que le reportara beneficio político o artístico alguno, salvo un puesto en una radio. Con problemas de alcohol, acabó sus días en 1973 (nació en 1900) con el propósito de compilar músicas folclóricas de lugares como Turkmenistán. Es con Barraqué uno de los valores más sugestivos y singulares de esta hilera de fachadas.

Apéndice de las publicaciones descritas, desencaja con las demás viviendas de la calle aunque mantiene interés por el descubrimiento de la obra de Trepulka y Hannenheim

Pondremos por último en la selección, en deliciosa orfebrería de cadencias lentas y circulares, a Federico Mompou y a Hans Otte en un mismo paquete. Siento tan distintas, las dos mantienen un vínculo con Erik Satie por su estatismo y pausado melodismo, por el sentido de que no tienen fin en su continuidad discursiva, en un registro hilado donde se produce un rastro placentero y de afectos que en el caso del catalán lleva el bello título de Música Callada (1959-67).

De reiteraciones y dinámicas desplazadas y giratorias (por favor, no asociarlo al minimalismo), Dar Buch der Klänge, El Libro de los sonidos (1977-82, se va como el anterior a la segunda mitad del S.XX), es ya hoy una obra de reconocido prestigio en un repertorio contemporáneo que se precie de original. Una invitación a un mundo personal construido desde Alemania, pese a parecer venido de otra parte.

Entre los trabajos en Wergo que le dieron prestigio, de Charles Ives a John Cage o Karlheinz Stockhausen, se coló de manera sigilosa Gurdjieff, compositor que forma parte de la debilidad de Manfred Eicher. A un paso de ECM

Enlaces directos:

ECM Records-Distrijazz